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Espejo retrovisor

  • Pedro Peñaloza

1. Caminar en círculos. La administración peñista vive en un callejón sin salida. Si algún incauto creía que el regreso del priísmo a Los Pinos significaba un cambio ante la política guerrerista de Calderón, se equivocaron rotundamente. El saldo es desastroso, sus iniciativas fueron simplemente de impacto mediático, siguieron prisioneras de los mismos paradigmas reactivos y militaristas. Entre su amasijo de propuestas el gobierno introdujo el renglón preventivo, poniendo énfasis en lo social y en la participación ciudadana, sin embargo, su visión carecía de un enfoque integral y sistémico. Fue un programa que buscaba alejarse de la lógica calderonista, pero en realidad, fue un camuflaje para  encubrir al catecismo represivo. Al final, la burocracia lo desapareció sin ninguna explicación. La máscara “preventiva” se cayó.

Por supuesto, no estamos hablando únicamente de “errores” de gestión, lejos de ello, el grupo del joven imberbe arribo a la presidencia sin ninguna historia vinculada a políticas no represivas,  ahora mismo, en el Edomex, se reflejan las terribles secuelas de los gobiernos priístas, cuyas historias de violencias, corrupción e impunidades son interminables.

2. Los límites de la demagogia frente a la realidad. Peña Nieto y su equipo íntimo diseñaron un gabinete de amigos y de pactos. Todos ellos no eran expertos, excepto el eje Banxico-Hacienda, cuyo grupo de tecnócratas se venden como insustituibles  y al mejor postor. Su cuerpo está aquí, pero sus intereses se localizan en Washington. Desde ahí dan el visto bueno.

Desde el principio del sexenio la soberbia del grupo Atlacomulco (matriz ideológica del equipo de Los Pinos),fue notoria y explícita. Estaban convencidos que habían llegado para quedarse transexenalmente. Sin embargo, hicieron abstracción de los factores económicos estructurales que rodeaban la coyuntura y que por la tanto las promesas electorales (avaladas por notarios), tendrían serios problemas para concretarse. Tengamos presente que uno de los mecanismos preferentes de la dominación priísta ha sido la repartición de dadivas sociales, encubiertas con el título de políticas sociales, que ahora, con el sucesivo crecimiento mediocre de la economía ha significado serios problemas para continuar con la añeja lógica asistencialista. Por supuesto, está presente la dinámica impuesta por los dictados de las agencias financieras internacionales hegemónicas que simpatizan poco con éstas políticas.

3. El Pacto por México: respiración artificial y pragmatismo elemental. Ante la imposibilidad legislativa de llevar a la práctica sus propósitos de inspiración neoliberal, los ideólogos del peñismo inventaron un mecanismo de aparente cogobernabilidad, en donde el PAN y el PRD se engancharon y le dieron legitimidad y sobre todo votos a las iniciativas que se aprobaron en el Congreso de la Unión, bajo el paraguas del “Pacto por México”. De esta manera, el grupo peñista le dio una barnizada al gobierno, impuso su agenda legislativa y puso en funcionamiento las políticas públicas de un país periférico supeditado a las coordenadas capitalistas. Ahora, por simples razones electorales, las oposiciones de derecha e izquierda, signantes del Pacto, pretenden deslindarse de lo que impulsaron y votaron. Ridículos.

4. De la luna de miel a los divorcios violentos. En el ocaso del gobierno priísta y de la inminentes elecciones presidenciales, el panorama ha cambiado sustancialmente. Los antiguos pactistas están confrontados, el país está inmerso en una vorágine de violencias y el deterioro social ha crecido.

Es pertinente preguntar a los tres partidos suscriptores del multicitado pacto ¿Cuáles fueron los beneficios que dejo a las mayorías su paquete de reformas legislativas? Su táctica, ayer y hoy, es apostar a la desmemoria colectiva. ¡Hipócritas!

pedropenaloza@yahoo.com

@pedro_penaloz