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Espial de Conductas

  • Espiral de conducta: Norma Le Payro

  • La inversión a largo plazo que algunas veces no gozarán los padres son los hijos(N. Luna)
  • Norma L. de Payro

En las sociedades del planeta tierra, cuando se vive el aquí y el ahora, se puede observar que la conforman niños, jóvenes, adultos y de la tercera edad. Ellos forman parte de un escenario que incluye una larga lista de desafíos y aprendizajes. En familia, algunas veces la vida cotidiana precipita una transformación profunda. Llegando cuestionamientos a los padres de familia como: ¿Para qué me casé?, ¿por qué tuve hijos?, ¿por qué no le hice caso a mis padres?, sí quiero a mis hijos, pero me hubiera gustado tenerlos en otras circunstancias, ¿tuve hijos y para qué? ¿mi trabajo no me permite gozar a mis hijos?, ¡aguanto esta vida por mis hijos! Expertos en conducta, afirman que estas preguntas germinan de vacíos y frustraciones del pasado que pueden afectar la crianza y educación de los hijos. Psicólogos comparten que los padres del siglo XXI deben aprender a trascender sus debilidades y saber que no es una fatalidad que los hijos las vean. En la actualidad los hijos son influenciados por una modernidad que les permite una capacidad para discutir y entender las relaciones. La realidad paterna es un nuevo paradigma. La sensibilidad de los padres empieza a cobrar fuerza, compartiendo a los hijos sus propias debilidades, mismas que pueden ser enriquecidas por los hijos. Los padres de familia han asumido que los cambios sociales los han colocado en una estresante vía donde rebasa su salud mental y física, una condición que impide tener un involucramiento adecuado con los hijos. En antaño eran criticados si mostraban debilidad a los hijos, esta tendencia provocó en este siglo, que la parte paternal se revelara y hoy asumen una relación con los hijos mostrando que el ser padre de familia no es equivalente a mostrar todo el tiempo que se tiene fortaleza y que los miedos nunca están. Especialistas reiteran que un padre de familia, es un ser humano que se equivoca, siente, llora, también se queja y enferma. Y esto, los hijos deben saberlo, para dejar en las próximas generaciones una comunicación transparente y en equipo, donde las soluciones no solo sean de los padres, sino que los hijos también puedan ser parte de ello. Una comunicación con valores y abierta permite que los hijos de los hijos, tengan padres humanos para el bienestar social. Libro recomendado; “Modelos de Familia”, G. Nardone, E. Giannotti, R. Rocchi.