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Espiral de Conducta

  • Espiral de conducta: Norma Le Payro

Como poder ayudar a tu dolor, si no puedo con el mío (Anónimo)

  • Norma L. de Payro
  • El dolor: ¿cómo expresas el tuyo?

En la actualidad, el ser humano evita el dolor de su especie, expertos en conducta afirman que este acto es naturaleza humana. Las palomas torcazas, picotean a su especie, si éste, está lastimado o muestra debilidad, hasta acabar con su vida. El hombre no está lejos de ello. La diferencia es que las personas tienen un legado de reflexión y razonamiento aplicado de acuerdo a su larga experiencia. Especialistas aseguran que cada persona tiene un espacio de dolor que solo el mismo puede trascender o abrazar. Un ejemplo drástico es enamorarse de quien no corresponde a dicho amor. Este dolor puede ser transitorio, permanente o patológico. Llevar el dolor a cuestas no es sencillo. Hay quienes logran sobrellevarlo cantando, haciendo deporte o realizando ocupaciones que liberen el sufragio del dolor. El dolor amarga, ciega, corrompe y aleja a personas de nuestras vidas. En este planeta el concepto de dolor varía. Hoy en día ya el dolor no solo se recarga en poemas o canciones, ahora el dolor se puede ver en violentos ataques al cuerpo humano. En pensamientos auto destructivos. ¿Cómo difundir a quien tiene dolor, el consuelo o la esperanza que pronto acabará? En el pasado y en la actualidad hay líneas y formas que aún existen y gustan  para minimizar tan extenuante tema como son: Amalia Bautista, poeta y periodista describe en su poema llamado el Dolor, El dolor no humaniza, no ennoblece, no nos hace mejores ni nos salva, nada lo justifica ni lo anula. El dolor no perdona ni inmuniza, no fortalece o dulcifica el alma, no crea nada y nada lo destruye. El dolor siempre existe y siempre vuelve, ninguno de sus actos es el último y todos pueden ser definitivos. El dolor más horrible siempre puede ser más intenso aún y ser eterno. Siempre va acompañado por el miedo y los dos se alimentan uno a otro. Pablo Neruda, dejo huella con su poema “Tengo Miedo”. La tarde es gris y la tristeza,del cielo se abre como una
boca de muerto.

Tiene mi corazón un llanto de princesa olvidada en el fondo de un palacio desierto. Tengo miedo -Y me siento tan cansado y pequeño que reflojo la tarde sin meditar en ella. (En mi cabeza enferma no ha de caber un sueñoasí como en el cielo no ha cabido una estrella). Sin embargo, en mis ojos una pregunta existey hay un grito en mi boca que mi boca no grita. ¡No hay oído en la tierra que oiga mi queja tristeabandonada en medio de la tierra infinita! Se muere el universo de una calma agonía sin la fiesta del Sol o el crepúsculo verde. Agoniza Saturno como una pena mía, la Tierra es una fruta negra que el cielo muerde. Y por la vastedad del vacío van ciegas las nubes de la tarde, como barcas perdidasque escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida. ¿Querido lector, como trascendería su dolor? Los testimonios hacen fuerza para hacer seres humanos más tolerantes.