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Espirales de conducta

  • Norma L. de Payro
  • Inventarse una historia: ¿trastorno o la vida cotidiana?

 

La historia real de una persona puede ser tan real como una inventada, distinguirlas será cuestión de la mente de cada quién (N. Luna).
Existe un porcentaje de personas que suelen inventar historias, afirman expertos que intentan suplir carencias y experiencias traumáticas a las que ha estado sometida durante una etapa de su vida. Es un mecanismo para evadir la realidad y construirse un mundo en el cual se sienten más a gusto. Inventar una historia de manera imaginativa para un fin de bienestar social es sano, pero inventar historias para solo aumentar una autodestrucción es preocupante. Son personas que van perdiendo credibilidad al tener una charla o comunicación con otra persona. Su núcleo social las evita y se alejan. La mentira y la imaginación son el toque para inventar las historias. Ya que si no lo hicieran, las emociones estallan y pueden provocar cierta ansiedad o ira, hay quienes lo hacen con golpes o desprestigiando a otras personas. Muy rara vez pueden llegar a un consultorio psicológico personas de estas características. Estos rasgos son conocidos porque los mismos familiares o amistades acuden a pedir ayuda para saber cómo enfrentar la conducta del inventor de historias. Existen testimonios que aceptan darse cuenta de lo que hacen, involucran personajes que no existen, matan a familiares imaginativamente o recrean historias en la cabeza en un tono triste y lloran preguntándose a sí mismos por qué lo hacen. Una gran diferencia entre el inventor de cuentos, un mentiroso y un mitómano, es que el mentiroso inventa mentiras para defenderse o protegerse, el mitómano predomina el carácter compulsivo de la mentira sin una motivación, lo hace todo el tiempo. El que inventa historias prevalece una necesidad emocional, cambios de ánimo o frustración y lo hace solo por periodos de tiempo: Como el caso de Mary Baker: En 1817, un pueblo en Inglaterra comenzó a escuchar acerca de una mujer que había aparecido con ropas exóticas y un lenguaje que nadie podía entender. Los periódicos locales hicieron eco y se logró conseguir a un marino que tradujera el mensaje; se supo que era una princesa que había sido raptada por piratas y había sido liberada en el mar. Meses más tarde se supo que era la hija de un zapatero que no lograba encontrar un lugar para vivir. Profesionales de la salud comparten que el antídoto para la mentira es la verdad por dolorosa que sea.