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Espondilitis anquilosante, no se cura, pero se controla

  • De carne y Hueso: Sonya Valencia

POR SONYA VALENCIA
La historia que les voy a relatar es de un chico de 19 años de edad, originario de
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, quien se vino a vivir a la Ciudad de México para asistir a la Universidad.

Antes de salir de su ciudad natal, Alberto, así se llama, empezó a sentir un dolor en la rodilla, el cual, conforme pasaban los días se hacía más intenso. Fue a ver a un médico y éste le recetó antiinflamatorios. Días después se le quitó.

Sin embargo, después de llegar al Distrito Federal regresaron las molestias, pero no solo en la rodilla sino también en la columna y en los hombros. El dolor era tan fuerte que no podía dormir. Cada vez que se acostaba o estaba inactivo se le intensificaba. En un principio pensó que esta situación se debía a su cambio de vida. Tomaba analgésicos, pero el dolor no desaparecía. Fue al médico y éste le recetó antiinflamatorios (corticoides) a dosis muy altas. Su mejoría fue muy leve.

No obstante los medicamentos, todos los días por la mañana tenía dificultad para levantarse porque el dolor era insoportable; sin embargo, conforme pasaban las horas y entraba en calor su dolencia iba mejorando.

Ante esta situación, la familia con la que vivía en la capital lo llevó con la doctora Sandra Miriam Carrillo Vázquez, especialista en reumatología, quien después de hacerle un primer conocimiento, se dio cuenta que tenía las rodillas muy inflamadas, lo mismo que la columna. Le ordenó varios estudios mismos que arrojaron un padecimiento conocido como espondilitis anquilosante, enfermedad reumática, crónica, de causa desconocida y de naturaleza autoinflamatoria que compromete las articulaciones, principalmente de la columna, generando rigidez de la espalda (por afección de las vértebras) y limitación importante de la movilidad de la columna vertebral deteriorando la calidad de vida del paciente.

“También, puede repercutir en otras articulaciones y, por ser una enfermedad sistémica, afecta a otros órganos como los ojos, el intestino, el corazón y el pulmón, así como los lugares donde los tendones y los ligamentos se unen a los huesos”, dice la especialista.

En la espondilitis anquilosante el tipo de dolor que se produce es de tipo inflamatorio cuya característica es que aumenta con la inactividad física o el reposo y disminuye e incluso desaparece, con la movilidad y actividad física, por lo tanto, en un individuo joven con dolor de espalda que tenga estas características y que dure más de tres meses, se le aconseja realizar la consulta con un reumatólogo, tal como lo hizo nuestro joven amigo.
– ¿En qué momento se tiene que acudir al médico?

Lo primero que nota la persona que tiene este padecimiento suele ser una molestia lumbar o en la espalda baja, que se produce por la inflamación de las articulaciones sacroilíacas y vertebrales, lo cual obliga a quien lo padece a levantarse y caminar para que el dolor aminore o desaparezca.

La inflamación y el dolor también pueden aparecer en las articulaciones de las caderas, hombros, rodillas o tobillos, o en las zonas del esqueleto donde se fijan los ligamentos y los tendones a los huesos.
– ¿Qué pasa si no se atienden estos dolores?

Que al cabo de los años, las personas sufren importantes alteraciones estructurales que consisten en la fusión de las vértebras imposibilitando su movilidad, generando una gran discapacidad física y alterando consideradamente la calidad de vida del paciente y familia.
-¿Con qué se trata la espondilitis anquilosante?

Existen diferentes tratamientos que pueden aliviar los síntomas y pueden prevenir que la enfermedad progrese y empeore, por los que es muy importante que los pacientes sean diagnosticados de manera oportuna por el especialista reumatólogo.

Alberto se le está tratando con medicamentos biotecnológicos, de origen biológico y cien por ciento humano. Gracias a esta terapia él es un chico normal que continúa sus estudios, los cuales estuvo a punto de dejar por su pésima calidad de vida, hace ejercicio y lleva una vida sin dolores, porque la espondilitis anquilosante, aunque no se cura, sí se controla con tratamiento adecuado, el que por cierto forma parte del cuadro básico de medicamentos del sector salud.