imagotipo

“Estado Islámico”, la barbarie implacable / Agenda Ciudadana / Rebbeca Arenas

  • Rebecca Arenas

Los valores de libertad, igualdad y fraternidad enunciados por la Francia revolucionaria y convertidos con el correr de la historia en símbolos de la democracia occidental han sido puestos nuevamente a prueba, tras los actos terroristas cometidos por yihadistas el pasado viernes 13, en el corazón de París.

Nuevamente a prueba, porque ni las dos guerras mundiales ni la ocupación de Francia por los nazis ni los terroristas de bajo calibre, inspirados por la liberación de las colonias francesas en la década de los 60 del siglo pasado, fueron capaces de debilitar los principios fundacionales de la nación francesa.

Esta vez, ante un enemigo distinto, un ente que actúa en las sombras, cruel y sanguinario, que dejó un elevado saldo de muertos y heridos en la masacre en París, que no respeta los valores del mundo occidental sino sus propias reglas e intereses; ante este nuevo desafío, una vez más Francia ha dado muestras de su fuerza de valores e identidad, y presenta un frente fortalecido para combatir al enemigo implacable.

Apenas el autodenominado Estado Islámico se adjudicó la autoría de la masacre, el Gobierno francés declaró que lo combatirá hasta destruirlo. Las potencias aliadas se sumaron apoyando a Francia, mientras la población musulmana, que nada tiene que ver con el terrorismo, que son gente de bien, ha empezado a pedir que no se les criminalice por su religión, explicando que los terroristas se vinculan al Islam para legitimar sus actos criminales. Sus voces apenas han sido escuchadas; el temor a los yihadistas ha exacerbado el repudio y la discriminación que ya venían sufriendo los musulmanes en Europa y Estados Unidos, haciéndoles las próximas víctimas de este pandemónium que apenas empieza.

Pero ¿Quiénes conforman este grupo terrorista? ¿Cuál es su causa? ¿Por qué atacaron a civiles inocentes en París?

El Estado Islámico, conocido como ISIS, que en español significa “Estado Islámico en Irak y al-Sham”, no busca, como Al Qaeda, una “guerra santa” en contra de occidente, sino que intenta establecer un Califato con dominio de territorio, con recursos económicos (recauda impuestos y vende petróleo), con un numeroso ejército; tiene muchos seguidores, pero también recluta jóvenes en diversas partes del mundo y, con una ley propia, aplica un estricto control religioso de la moral y la vida pública.

Se trata de un enemigo distinto, sumamente peligroso, que ha logrado convertirse, por sus manejos económicos y su ejército de fanáticos suicidas, en el más poderoso de los grupos terroristas hoy en día. Su objetivo de ampliar sus fronteras, constituyendo un Califato que abarque Turquía, Siria, Egipto, Palestina, Jordania y Líbano, nos indica el grado de sus ambiciones y expectativas.

Inspirados en las guerras religiosas de ‘Las Cruzadas’, los miembros de ISIS asesinan, torturan, mutilan y destruyen todo lo que se les atraviesa invocando el Islam, porque así les conviene. Sus métodos sanguinarios han resultado atractivos para muchos grupos musulmanes que, por las más diversas razones y en los más diferentes puntos del mapa, se sienten llamados a recuperar las glorias pasadas del Islam. Jóvenes y adolescentes que cargan con agravios propios y ajenos, reales e imaginarios. Jóvenes y niños adoctrinados, como los talibanes, que perciben en las noticias cotidianas de occidente ofensas imperdonables contra sus creencias y contra su identidad.

ISIS constituye una expectativa para los musulmanes y no musulmanes que sufren humillaciones y viven en la pobreza y la marginación. Sus llamados a regresar a los más primitivos y violentos orígenes resulta atractivo para masas ignorantes y fanáticas que los siguen de todas partes del mundo. Su meta es la violencia por la violencia misma; una especie de agudización de las contradicciones, en donde cada acto de barbarie, de salvajismo que cometan, generará violencia y muerte en contra de los musulmanes del mundo, dándoles nuevos motivos para su embestida sanguinaria, implacable.

Desde su perspectiva desquiciada, ISIS tuvo un éxito rotundo con la masacre en París porque provocó terror, miedo, incertidumbre, que es lo que busca el terrorismo; porque exacerbó la xenofobia antimigrante y antimusulmana, fortaleciendo con ello su causa, y finalmente, porque al hacerlo en París, el alma de la civilización occidental se ha posicionado entre sus seguidores como una fuerza poderosa, capaz de atacar a sus enemigos en su propia casa.

ISIS ya sabe lo que viene: la represalia armada, la discriminación contra los migrantes, el repudio al Islam. Todo eso alimentará a sus más fanáticos seguidores, todo eso fortalecerá a ISIS. Un enemigo distinto que requiere de estrategias distintas para ser acotado y destruido por parte de la comunidad internacional.
rayarenasgmail.com