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Estados Unidos: más dividido que nunca

  • Erick Fernández Saldaña

  • Erick Fernández Saldaña*

Los ojos de buena parte del mundo se dirigen este viernes a la capital de los Estados Unidos. Como cada cuatro años, el 20 de enero marca el día de la toma de posesión del presidente de la nación que sigue manteniendo una condición de superpotencia en el entorno global, a pesar de las transformaciones recientes que ha enfrentado el orden en los últimos años.

Este viernes es diferente. Evidentemente no es el 20 de enero de 2009, cuando el presidente Barack Obama juramentaba su cargo ejecutivo y su mensaje de esperanza y optimismo inundaba los inmensos jardines de Washington, D.C y se amplificaba en buena parte al menos del llamado Mundo Occidental. Este 20 de enero de 2017, lo que impera es un sentimiento de desazón, desesperanza e incertidumbre, dentro y fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

Este 20 de enero inicia la administración del presidente número 45 en la historia de los Estados Unidos. El magnate inmobiliario, Donald Trump jurará como presidente siguiendo la tradición de George Washington en 1793 cuando los vientos de las ideas democráticas no sólo soplaban por el río Potomac sino en distintos rincones de nuestro continente. Hoy no es así.

Casi nadie imaginaba el 16 de junio de 2015 que el empresario neoyorkino, quien anunció su intención por contender como precandidato presidencial del Partido Republicano, con un discurso xenófobo, inexacto y cercano al odio, hoy atestigua el tradicional desfile de inauguración de la administración desde la Avenida Pennsylvania como el nuevo huésped de la Casa Blanca.

Ese discurso pronunciado en el edificio de su propiedad en pleno Manhattan, no sólo fue un catálogo de imprecisiones, improperios y descalificaciones contra todos aquellos que no son como él quisiera. Fue el inicio de su plataforma electoral que con el objetivo de “Hacer otra vez grande a los Estados Unidos” le permitió acercarse a una creciente base de simpatizantes que alimentaron esta percepción hasta lograr el voto del Colegio Electoral que le dio el triunfo el pasado 8 de noviembre pero no el de la mayoría de los votantes.

El daño está hecho en lo social. La división en los Estados Unidos se manifiesta día a día. Protestas en la capital y las principales ciudades están en paralelo con los desangelados festejos por la toma de posesión. Donald Trump impulsado desde ELmundo del entretenimiento no ha podido consolidar siquiera un espectáculo mediático de su evento inaugural. Sin embargo, diversos grupos organizados y no han decidido pronunciarse contra esta nueva presidencia.

Y hacia el exterior, los temores, que alentó como candidato y reiteró como presidente electo, se han multiplicado. No son líneas de campaña sino presiones de diversa índole contra distintos actores.  Esos miedos alentados contra los migrantes; la descalificaciones contra los otros; el desprecio constante contra las mujeres se han convertido en nubarrones que anticipan una tormenta que van más allá de su territorio.

El muro fronterizo como divisor de la realidad, la amenaza constante de la deportación, el retiro de inversiones como objetivo marcan una parte de la agenda bilateral contra nuestro país. El saldo inmediato es la desconfianza, el balance se empezará clarificar en los próximos cien días.

Hoy más que nunca nuestros ojos deben interesarse no por el vestuario de los asistentes al acto de toma de posesión o los conciertos y bailes que acompañan el ceremonial, sino por las decisiones que desde la Oficina Oval nos puedan afectar de forma directa. Es el tiempo de resaltar nuestra dignidad frente a decisiones anunciadas. Es el tiempo de volver a pensar y actuar en el presente y por el futuro inmediato de nosotros mismos.

*Internacionalista y periodista especializado en la sociedad y la comunicación política de los Estados Unidos. Universidad Iberoamericana. Ciudad de México