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¿Estamos preparados para el 2018?

  • Rebecca Arenas

Tras las elecciones del pasado domingo, en el que aproximadamente 19.7 millones de ciudadanos acudieron a votar por 533 cargos de elección popular, de los cuales 525 correspondieron a procesos ordinarios en los estados de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz, en donde se disputaron tres gubernaturas, 55 diputaciones locales, 270 ayuntamientos y 197 regidurías, y seis a procesos extraordinarios en Oaxaca y Tlaxcala; el resultado de este megaproceso heterogéneo y complejo, nos ha permitido advertir que el sistema electoral mexicano, tan costoso y cuestionado, finalmente está empezando a funcionar con un alto grado de eficiencia y eficacia, que si bien era lo obligado, para los ciudadanos es reconfortante corroborar.

Más allá de los ya acostumbrados dimes y diretes entre los partidos y candidatos previos a la elección, inconformidades y denuncias que hoy cuentan con diversos instrumentos legales, el principal, la Fepade ante los cuales acudir, llegado el día de las elecciones, en la inmensa mayoría de los casos, el proceso se llevó a cabo en orden, cumpliendo con lo establecido, tanto los funcionarios de casilla como los votantes. Eso lectora, lector, constituye un importante avance que debemos reconocer; que se ha ido perfeccionando en los últimos procesos electorales, ésto a pesar de que los resultados de la votación no hayan favorecido a los candidatos de nuestra simpatía.

La experiencia para los votantes se sigue igualmente enriqueciendo. Diversos son los elementos de peso, que hay que tomar en cuenta para elegir la mejor decisión de por quién votar. El partido político, que hasta hace poco era un referente clave, equiparado casi casi con la lealtad personal, ha venido pasando a un muy lejano tercer plano, excepción hecha de los militantes en activo del partido en cuestión, y a veces ni así.

El candidato es la clave, su trayectoria, su oficio político, su comportamiento público y privado, son elementos claves para saber si será honesto en el cargo, o si cumplirá con la palabra empeñada. Las cosas están cambiando, no por ética moral, sino por realismo político.

Las elecciones del pasado domingo, consideradas por los especialistas “Laboratorio electoral” hacia el 2018, año en que se llevará a cabo la elección del Presidente de la República, de 500 diputados, 300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional; 128 senadores, 64 de mayoría relativa, 32 de representación proporcional y 32 de primera minoría; 591 diputaciones locales de mayoría relativa y 392 de representación proporcional, así como dos mil 226 ayuntamientos en todo el país, y por primera vez, la elección de 16 alcaldías en la Ciudad de México, que suplirán a las delegaciones política, serán las elecciones más grandes en la historia democrática de nuestro país.

Frente a ese maremágnum que se viene, los ciudadanos tenemos que prepararnos para mejor votar: informándonos, capacitándonos, organizándonos con nuestros colegas y vecinos, en el marco de un clima complejo, donde los muchos intereses entreverados querrán “tener mano” sin tomar en cuenta nuestra opinión. Las alianzas estarán –sin ninguna duda- a la orden del día, y los cambios a la ley electoral federal, buscando instaurar la segunda vuelta en la elección presidencial, se escucha con insistencia. ¿Estamos preparados los votantes para todo lo que se nos viene en 2018? ¡Más nos vale empezar!

rayarenas@gmail.com