imagotipo

Están aquí, entre nosotros

  • Raúl Aaron Pozozs

Los números no mienten y son públicos. Desde que llegó Maduro la economía ha decrecido. En el 2014 cayó 3.9%, en el 2015 descendió 5.7% y en el 2016 -de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional- la caída sería de 10%. En 1999 cada venezolano adeudaba 810 dólares, mientras que a finales del 2013 la cifra ya era de dos mil 145.11 dólares y en el 2016 de dos mil 192 dólares.

La economía petrolizada por la bonanza del “oro negro” era motivo de presunción del extinto Hugo Chávez. Apenas en 2008 le permitió al país aumentar sus reservas hasta 43 mil 127 millones de dólares. Sin embargo, según el Banco Central de Venezuela durante el 2016, solo llegaron a 10 mil 995 millones de dólares.

La caída de la economía venezolana es similar a la caída que hemos tenido en México. La crisis mundial de los energéticos arrastró a Venezuela, como arrastró a México, aunque es evidente que nuestro país tenía y tiene mayor solidez en cuanto a reservas internacionales y un manejo responsable de la crisis y sus consecuencias.

Pero las similitudes nos sirven, ejemplifican. La distancia entre Venezuela y México no es mucha, ni por la bonanza y adversidades que nos ha dejado el petróleo, ni por la posibilidad de que pudiera llegar al poder algún personaje con características similares a las de Chávez, aunque, a decir verdad, en nuestro pasado reciente el presidente Luis Echeverría fue un auto declarado socialista que terminó con los gobiernos del desarrollo estabilizador e inició una de las peores crisis que hemos padecido los mexicanos.

La crisis de Venezuela, su etapa climática está empezando, en ebullición, tanto por la manipulada consulta que hizo el Consejo Nacional Electoral, como ya denunció la empresa encargada de contar los votos, Smartmatic, como por la decisión del gobierno de Maduro de llevar de nuevo a prisión a los líderes opositores que estaban en arresto domiciliario.

Esa oposición a Maduro convocó para el jueves a una marcha y el presidente venezolano hizo el llamado a una contramarcha a favor del constituyente que, dicen esos mismos opositores y una gran parte del pueblo y de la opinión mundial, manipuló e infló.

Pero no se trata solo de el choque de dos fuerzas en un país hermano, que seguramente terminará socialmente más desgarrado de lo que ya está, sino del espectáculo frente a nuestros ojos, los ojos de América Latina y el mundo. Los sátrapas, que aniquilaron pueblos enteros apenas hace tres o cuatro décadas, que ya creíamos desaparecidos por el avance de la democracia y sus libertades, simplemente están aquí, entre nosotros.

Ese nosotros incluye a México. Pareciera que hoy nuestra sociedad, cansada y harta de muchas cosas que no se han hecho bien y la han decepcionado, voltea los ojos hacia liderazgos que pueden iniciar como el de Castro y Chávez y terminar igual.

Senador Raúl Pozos Lanz