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Estas barbas a remojar

  • Camilo Kawage

1.- La historieta de desaguisados y arrebatos que nos abruman a cada instante puede seriamente convertirse en la historia de los tiempos nuestros si no ponemos atención y cuidamos el ejercicio de las libertades de que gozamos. Puede condenarnos igualmente a un largo periodo de confrontación intestina estéril antes de hallar de nuevo la conciliación que obliga la construcción de nuestro presente si queremos dejar una familia, una comunidad, un país, mejores de como los recibimos en esta incesante carrera de relevos que es la vida. Vemos con pena en otras partes del mundo cómo líderes elegidos en democracia traicionan su designio unos y, fieles en rigor a lo que ofrecieron otros, hacer que sus votantes lamenten su decisión arrepentidos.

2.- Rara vez, si acaso, se ha visto en Estados Unidos a un Presidente hacer el ridículo todos los días desde temprano, y a la vista del orbe entero, azotar a sus más leales y poderosos aliados –caso de su procurador General-, y orillarlos a renunciar, colocar al frente de la palestra a otro locuaz de la colección –caso del nuevo director de Comunicaciones-, como vengador casero y que de entrada hace echar a su jefe inmediato y poner al general Kelly a su relevo, y que además, todo sea parte de un estilo de ejercer el poder que se adivinaba antes aun que fuera candidato. Los americanos tienen razón de sentirse ofendidos por esa forma de conducirse de su Presidente.

3.- La destrucción de Venezuela se ha visto venir con todos los cánones democráticos. Tal como advirtió el gorila, defiende con las armas lo que no le dan los votos, y dado que cualquier mediación es maniobra del imperialismo, igual que los “terrorijtas” de la oposición que antes de tomar las calles le han pedido retirar su faramalla de Asamblea Constituyente que lo legitime por el voto popular como dictador, va en un camino sin retorno que lo verá defenestrado, y el costo total de cuya aventura pagarán solo los venezolanos a bien largo plazo.

4.- Lo que sucede en Estados Unidos no es nuevo, a pesar de que las formas y el lenguaje lo son sin duda. Expresadas de distinta manera y nunca con la difusión instantánea que hoy se les da, la rudeza y la vulgaridad son parecidas a las de otras épocas. Se sabe que Harry Truman tenía modales no exactamente victorianos con su gente y que Eisenhower mandaba y daba órdenes como si estuviera en los campos de batalla de Normandía. El fuetazo más reciente, la salida poco decorosa del jefe de Gabinete y su remplazo por el secretario de Seguridad Interior atañe a México directamente por la vacante de este último: con el general Kelly la relación era fluida y amigable, y si no aparece en su lugar una figura de corte xenófobo racista es una alta apuesta.

5.- En esa tesitura tenemos aquí la obligación de ser aún más cuidadosos en el ejercicio de una libertad que nos es preciada y ha costado cara. Podemos dilapidarla si no atendemos los liderazgos que forja un dirigente a partir de hampones de oficio; como el delegado en Tláhuac, operador de redes de tráfico de droga a base de matones adoctrinados de recio cuño, y que no dudan en quemar pasajeros de transporte público para defender su comercio clandestino. Y figuras como Encinas que compara el operativo de la Marina para desmontar esa banda, con la intervención del 68. De ese tamaño.

6.- Al más puro estilo Pyongyang, el veterano caudillo acusa que los ataques al delegado, igual que a sus otros feligreses, todos finísimas personas, son parte del compló de la mafia del poder para “manchar” su honorable corporación. Ésos quieren el voto popular.
camilo@kawage.com