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Estética presidencial / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

En México ocurre un fenómeno curioso: una gran mayoría de políticos, en cuanto detectan que, efectivamente, tienen una posibilidad, aunque sea infinitesimal, de ser candidatos a la Presidencia de la República, deciden cambiar de imagen de la noche a la mañana. Esto es visto con extrañeza en otras latitudes, donde el look – sea cual sea – es una característica atesorada, porque es el reconocimiento del electorado, y se le considera –especialmente desde el uso intensivo de la televisión e internet en las precampañas y campañas políticas-su activo principal.

Un caso que recuerdo fue el del secretario de Gobernación en el sexenio de Luis Echeverría, Mario Moya Palencia. Con Moya fuimos vecinos muchos años en las calles de Río Tígris, por lo que fui de los primeros en encontrarme con un desconocido especialmente conocido. Y es que Moya, en cuanto lo subieron al ladrillo de que iba a ser presidente, se rasuró el bigote sin más trámite, pues ya se sabía que, desde Miguel Alemán, los bigotes estaban eliminados de la política mexicana. Ese tabú luego lo eliminaron definitivamente Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox, pero no hace mucho, otro bigote famoso cayó bajo la guadaña del look, si no ya de la tradición.

Fue el de Manlio Fabio Beltrones. En preparación para la justa de 2012, y frente a un Enrique Peña Nieto que, cuando mucho, parecía preparatoriano, cayó el mostacho. Y le funcionó, porque con esa nueva imagen juvenil, sumada a la sabiduría y la experiencia de una deslumbrante carrera política, hoy está cómodamente entre los favoritos para la nominación presidencial.

Y, por supuesto, merece también citarse el caso de José Antonio Meade. Contra lo que todos suponíamos, pues lo veíamos solo con el frac del diplomático o el pantalón a rayas del banquero, Meade ha lucido con garbo los jeans y el caqui haciendo su tarea como un efectivo y dinámico secretario de Desarrollo Social. Afectado por una decoloración cutánea en el rostro, Meade parecía haberla superado sicológicamente durante sus encargos anteriores, pero al verse catapultado a presidenciable, decidió hacer algo al respecto, y evidentemente está teniendo éxito, pues ya su rostro aparece prácticamente normal en las fotografías. De veras nos da mucho gusto.
“Ricitos de Chapopote” se pone a la altura de su ilustre tocayo

Publio Virgilio Marón, escribió la Eneida, las Geórgicas y las Bucólicas y es considerado uno de los más importantes poetas romanos, al grado de que Dante Alighieri, en su “Divina Comedia”, lo eligió como su guía a través del Infierno y el Purgatorio.

Su tocayo, Virgilio Andrade – más conocido como “Ricitos de Chapopote” – secretario de la Función Pública, no ha escrito nada, pero se esfuerza en pulir su apelativo para no desmerecer.

Su última gran aportación – en el foro “La información en el Combate a la Corrupción. ¿ Cómo nos arreglamos ?”–fue clasificar a la corrupción como un asunto cultural.

O sea, que los problemas de corrupción no son de su área, sino de la de Rigo Tovar y Teresa, secretario de Cultura. Si es que lo encuentran, porque nomás tomó posesión y si te he visto no me acuerdo.
Buenos días. Buena suerte.
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