imagotipo

Estrategia y táctica

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

Durante los últimos días y semanas hemos observado un cambio interesante en el discurso y comportamiento de Donald Trump hacia los mexicanos, hacia nuestro país y de manera general en su propio territorio. La semana pasada afirmé que no sería posible mantener este ritmo durante mucho tiempo y que, tarde o temprano, se cansaría de seguir luchando contra molinos de viento.

Donald Trump dijo que habría de limpiar la casa (al estilo de Vicente Fox, que arreglaría el conflicto de Chiapas en quince minutos) y que lo lograría con mucha mayor eficiencia que todos su predecesores. Pero no fue y no ha sido así; y no creo que en el futuro inmediato lo consiga: el presidente Trump se está cansando (y en buena parte se ha desgastado debido a la enorme burocracia que le impide realizar sus propósitos con la velocidad que quisiera). Un país no se puede administrar como una empresa (aunque los principios son los mismos); los países y las políticas públicas deben tomar en cuenta que la multiplicidad de actores y factores que están involucrados en la toma de decisiones es muy compleja y llena de particularidades.

Mientras todo eso sucede, en México las cosas empiezan a tomar forma y color interesantes: tan solo en la semana pasada el tipo de cambio de nuestra moneda frente al dólar bajó a 19.90 pesos por cada unidad. Nada mal. Solamente unos meses atrás llegó a casi 22 pesos.

No obstante las negociaciones siguen y necesitamos tener un plan de juego, una estrategia maestra y una clara idea de lo que vamos a hacer. La semana pasada dije que debemos “cansar al adversario”; desesperarlo con burocracia, dándole largas y poniendo trabas. Y creo que es la ruta ideal. La estrategia, diría Mario Benedetti, es profunda, de largo plazo y general.

Las tácticas, por contraste, son aquellas acciones cotidianas que habremos de implementar para que la estrategia se cumpla. Por ejemplo, dotar a los consulados de fuerza y recursos, de abogados, de personal; negociar y hacerlo con pesos pesados de nuestra parte, apelar al corazón de los intereses más profundos de parte de Estados Unidos para que sean ellos mismos los que pidan a gritos el reforzamiento de nuestras relaciones, pensar en productos, en ciudades, en industrias de interés.

Pero se necesita un requisito fundamental y básico, antes de emprender cualquier tipo de acción por el estilo: unidad en el juego. Si los actores políticos en México no están unidos y no se encuentran fuertes, si cada uno tiene sus intereses en particular y su juego propio; si todos buscamos nuestra ganancia personal y no la de todos, entonces correremos el riesgo de echar a perder nuestra estrategia.

Y el “foco rojo” más importante de todos es el tema electoral. Nuestro país está absoluta y completamente inmerso en la lógica electoral (local y federal) y lejos de que ello vaya a cambiar, al contrario, se va a agudizar (digo agudizar, porque cada vez será mas difícil unir a los actores políticos en una causa común, porque estarán muy ocupados peleando por ellos mismos). Así es la democracia. Pero tengamos cuidado que por ganar un puesto de elección popular, no se nos vaya a ir el país entre las manos.
@fedeling