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EU: el inminente colapso de un coloso

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

Por más que la humanidad pretenda resistirse al devenir cíclico que ha marcado su sino, una vez más estamos siendo arrastrados por el declinar de un periodo histórico que nos hace ser testigos vivientes de cómo las sociedades pueden carcomerse, unas a otras, sin que ningún tipo de argumentos racionales lo impida: proceso hasta ahora irreversible, que se potencializa cuanto más grande es el poder o los alcances que detentan las naciones en declive. Pero no sorprende el hecho, lo que en la actualidad más impacta es vivirlo en carne propia. Qué mejor prueba que antes de una semana del arribo hecatómbicamente vertiginoso del trumpismo a la presidencia estadunidense en la Universidad de Chicago, el pasado 26 de enero, se haya adelantado 30 segundos el simbólico septuagenario “Reloj del Juicio Final”.

Ahora bien ¿Trump es el culpable? No. Somos responsables todos, ellos, nosotros y los otros, porque en mayor o menor medida, desde nuestros respectivos espacios y posiciones, desde décadas y aun centurias, no hemos podido ni sabido hacer frente al declive de una civilización que había ya anunciado síntomas profundos de desgaste y descomposición. ¿O acaso México, nuestro México, carcomido por la ambición, la corrupción y la impunidad, no es vivo ejemplo de ello? Bástenos analizar el discurso postverídico de nuestra microrealidad política desde los remotos tiempos coloniales -cuando la propia autoridad virreinal ordenaba “obedecer pero no cumplir” la ley que provenía del centro del poderío español- hasta nuestros días, cuando “celebraremos” el centenario de una Constitución Política que no existe más porque el propio sistema político se encargó de destruirla. Y duele, pero también ofende, indigna y preocupa, porque nuestro país -que padece la mayor crisis económica, social, política y de gobernabilidad de su historia, al grado que tenemos por canciller a un “aprendiz”- y el mundo entero están siendo conducidos por voluntades megalomaniáticamente irracionales, obcecadas, enfermizamente manipuladoras, ávidas de un poder ilimitado, que se erigen omnímodas gracias a la incapacidad, pasividad e indolencia que privan como nunca antes en la conciencia de los integrantes de la sociedad en pleno, porque la amenaza que representaba el trumpismo para la estabilidad mundial, y que se llegó a antojar mera estrategia electoral, es una catastrófica realidad que ha superado todo pronóstico imaginado.

Por lo pronto, el nuevo Gobierno norteamericano, además de estar dinamitando toda posibilidad de contribuir al crecimiento interno de su país -otra de sus postverdades-, atiza y crea nuevas rivalidades, lo mismo al interior de su propia sociedad que entre todas las naciones como nunca antes en el pasado de la humanidad se había tenido registro: menos de 200 horas, 15 decretos ejecutivos y unos cuantos tweets le han bastado para lograr enconar al mundo entero que hoy, atónito y expectante, atestigua el atropello de los derechos humanos en lo que se podría antojar es el final -cuando menos para las generaciones actuales- de su efímera existencia. Lo paradójico es que de persistir y de no hacer nada la sociedad norteamericana, la primera en colapsarse será su propia Nación y los costos de ello serán altísimos, tanto más altos, cuanto más tarde en actuar.

Sí, el mundo corre el riesgo de convertirse en un teatro de títeres bajo la voluntad de un titiritero desaforado al que aplauden tiranozuelos que no representan voluntad popular alguna, como el que festina desde Israel la construcción del muro en nuestra frontera. Lo inconcebible es que se permita a la locura avanzar y con ello acortar criminalmente la distancia que arrastra a la humanidad al precipicio de conflictos y masacres propios de toda conflagración global. Ojalá México pueda asumir el reto y logre su imprescindible y secularmente postergada emancipación frente al coloso que tanto ha contribuido a frenar nuestro desarrollo.
bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli