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EU gobernado por improvisación

  • Yolanda de la Torre Valdés

  • Yolanda de la Torre V.

Ya estamos terminando el primer mes del 2017 y se me hace aún cercano el momento en el que durante el primer debate de la campaña presidencial en Estados Unidos, la demócrata Hillary Clinton señalaba como uno de los principales defectos de su contrincante republicano, Donald Trump, su falta de preparación para ejercer el Gobierno de su país.

Muchos de los exabruptos y barbaridades que decía el empresario en campaña hacían ver que lo que pretendía ocultar detrás de su estridencia era precisamente el hecho de no ser una persona preparada para ejercer el cargo de mayor poder a nivel mundial, cuyo alto grado de responsabilidad implica, entre otras cosas, el manejo del mayor arsenal nuclear y los conflictos bélicos que actualmente significan el peligro más grande para la población del planeta, incluso la supuestamente no relacionada a éstos.

Mostrando de entrada, tras su toma de posesión de la Presidencia el pasado 20 de enero, su poca disposición a dialogar con el Congreso, y con ello respetar la división de poderes en su país, Donald Trump ha pretendido gobernar a partir de “órdenes ejecutivas” o decretos, mediante los que ha buscado cumplir en algo más de una semana con la mayor parte de los compromisos que hizo en campaña, como si la marcha cotidiana de su país no fuera algo de su competencia.

El primer gran error que cometió mediante su firma de decretos, misma que parecía ya ser algo así como la primera actividad después del desayuno, fue el de la orden ejecutiva para la construcción de un muro a lo largo de toda la franja fronteriza con México, contemplando en un inicio que se lleve a cabo la obra con recursos estadunidenses y que posteriormente fueran reembolsados por nuestro país mediante algún mecanismo por definir.

Trump llevó a cabo la emisión de la orden con la evidente intención de que coincidiera con la primera visita de una delegación gubernamental mexicana en su administración, misma que iba encabezada por el nuevo canciller, Luis Videgaray, así como por el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, y el jefe de la Oficina de la presidencia, Francisco Guzmán, cuya misión era ver los detalles del encuentro que sostendrían en Washington ambos mandatarios (Donald Trump y Enrique Peña Nieto), con el fin de comenzar a dar forma a una agenda conjunta.

La obsesión de Donald Trump por cobrar el muro a México llevó a que el presidente Enrique Peña Nieto se viera en la necesidad de cancelar el encuentro programado para el 31 de enero en Washington D.C., algo que no paró allí, sino que impulsó una de las acciones de unidad entre mexicanos y mexicanas más importantes de los últimos tiempos, a lo que se sumaron los gobiernos de varios países alrededor del mundo, destacando naciones latinoamericanas y de la Unión Europea.

En este sentido, quien por apresurado perdió la oportunidad de marcar, aunque fuera cierta independencia del nuevo régimen en Estados Unidos, fue el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien tras reunirse con su gabinete en Calgary, le expresó al Gobierno mexicano que lo considera amigo, pero que dará prioridad a los intereses de Canadá.

En general, no solo en el caso del muro con México y los inmigrantes, las órdenes ejecutivas de Donald Trump han demostrado que al menos en principio, está gobernando con improvisación, escaso conocimiento de causa y más motivado por sus pasiones que por la razón. Esas son las primeras líneas que traza una administración que de entrada se muestra polémica y desordenada.
* Senadora de la República

** Diputada Constituyente de la Ciudad de México

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