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Éxito de Gran Bretaña en el medallero

  • Ramiro Pineda

Hace cuatro años la Gran Bretaña tuvo un éxito sin precedentes en el medallero olímpico, algo que con cierta razón de por medio se le atribuyó por jugar de local, al celebrarse los Juegos en la sede de Londres 2012, pero ahora consiguieron un número aún mayor de preseas y en una sede con un clima y condiciones generales radicalmente distintas a las de la capital británica, la ciudad de Río de Janeiro en Brasil, en otro continente, en otro hemisferio, con clima tropical y sin el orden londinense, rodeados de belleza, pero también de los asegunes intensos de América Latina.

Por supuesto el talento individual tuvo mucho que ver, pero no es lo determinante si no se ve respaldado por un sistema, una estrategia y claridad sobre lo que se quiere lograr. Está claro que los británicos tienen presente lo que sucedió en Atlanta ’96, justa olímpica en la que terminaron en el lugar número 36 del medallero, detrás incluso de naciones como Kazakhstán, Argelia, Bélgica e Irlanda. A duras penas consiguieron una medalla de oro, ocho de plata y seis de bronce.

No faltaron quienes se preguntaban entonces qué significaba esto para el país y su cultura deportiva; se llegó a señalar que no tenían una mentalidad ganadora, pero lo que ocurría es que el sistema deportivo con el que contaban, no era ganador, pese a un presupuesto de casi 400 millones de dólares para un período de cuatro años, en lo que se incluían deportes olímpicos y paralímpicos. Estaba claro que el dinero no era todo, así la cantidad fuera el doble o más, finalmente la voz que sonaba más fuerte era la de lo conseguido en el medallero.

Después del descalabro de Atlanta ’96, la Gran Bretaña se dedicó a buscar a atletas verdaderamente prometedores y darles un apoyo que fuera más allá del dinero, que formara parte de un proyecto bien estructurado, en el que se supiera lo que en verdad se quería conseguir. Ubicaron las disciplinas en las que verdaderamente tenían posibilidades y dejaron de lado las que no brindaran expectativas. Se buscaba crear una máquina capaz de producir medallas.

La tarea que se pusieron los británicos era la de ubicar a los atletas más promisorios desde las más tempranas edades, todo en el marco de una verdadera política de Estado, más allá de quien fuera el gobernante en turno. Fue también fundamental el financiamiento que para tal objetivo brindó la Lotería Británica.

Era necesario forjar una cultura ganadora, con mucho rigor, capaz de detectar a los mejores atletas, entrenadores y en general personas excepcionales para cada responsabilidad. Se trató de una inversión contemplada a largo plazo, que requirió de gran disciplina y trabajo en equipo, desde los padres de atletas, hasta los científicos del deporte.

El citado modelo fue impulsado por el primer ministro que sucedió a Margareth Thatcher, John Major, cuya visión llevó a su país a lograr el segundo lugar en el medallero olímpico de Río de Janeiro 2016 con 67 medallas, un verdadero motivo de inspiración para muchos países, como el nuestro que en la era moderna de los Olímpicos hemos participado en 22 justas, consiguiendo 63 medallas. En Río de Janeiro terminamos en el lugar 61, algo que sí tenemos con qué mejorar.
Twitter.- @RamiroPineda