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Expectación e incertidumbre ante la era Trump

  • Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

Esta mañana del 20 de enero iniciará una nueva era con la asunción del Gobierno de Estados Unidos por el empresario republicano Donald Trump, que ha generado una gran expectación en todo el orbe, no solo en México.

Y será una nueva época porque el discurso de campaña y los pronunciamientos de los dos últimos meses por parte de Trump lo confirman.

Las acciones anunciadas de concretarse, independientemente de la velocidad con la que se implementen, representarán la construcción de un nuevo orden mundial, de tejer nuevos equilibrios geopolíticos distintos a los establecidos por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial; la Guerra Fría y el aparente triunfo del capitalismo sobre el socialismo; así como los generados por la globalización financiera –comercial en las últimas tres décadas.

La destrucción del modelo de desarrollo neoliberal, sustentando principalmente en el libre comercio y el regreso a políticas proteccionistas del aparato productivo, completado con una política de corte populista- nacionalista, confiando en imponer condiciones de manera agresiva en todo el planeta, ha generado una gran incertidumbre, por el contenido del discurso inaugural y la consecuente toma de acciones para concretar las decisiones adoptadas.

En nuestro país, que ha sido el principal blanco de los ataques de Trump, hemos testimoniado repercusiones principalmente económicas por la volatilidad de los mercados financieros y una significativa devaluación del valor del peso, agravado por la actitud poco solidaria con el país de los millonarios que, como siempre, han sacado sus capitales.

La respuesta a las amenazas de Trump se ha planteado en dos ejes. Por un lado, quienes piden un abierto enfrentamiento y sustituyen los argumentos con insultos, injurias y diatribas personales contra el presidente estadunidense y buscan despertar el sentimiento anti yanqui adormecido en el inconsciente colectivo, sin entender que no tenemos la fuerza para hacerlo y, a nada conduce una conducta irracional.

Y la otra, a la que me sumo, que plantea que debemos actuar con serenidad. Anteponer sobre todo la dignidad nacional y con firmeza defender los intereses superiores de la nación.