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Experiencia en las alturas

  • Entre Piernas y Telones : Hugo Hernández

Una querida amiga, quien se dedica a buscar y manejar patrocinios para el montaje de obras de teatro, asegura que en la actualidad, lo que el gran público busca, más allá del gusto por ver una puesta en escena, son las experiencias que rodean al hecho teatral.

Por ello es que además de la simple representación escénica, ahora se ofrecen tours backstage, convivencias con los elencos, debates al final de las funciones, representaciones interactivas, apps en las que se puede seguir la puesta en escena e incluso decidir el rumbo que tomará la misma, y una larga lista de etcéteras que funcionan como un gancho para que el público acuda a las salas.

Hago este largo preámbulo para hablar de un espectáculo que es, antes que nada, experiencia pura.

Se trata de Bozal, escrito y dirigido por Richard Viqueira, quien con cada nuevo montaje sorprende y conmociona al público, pues siempre se lanza a la experimentación del lenguaje con el que cuenta sus historias, que no se parecen nada una a la otra.

Recuerdo muy gratamente Vencer al Seinsei, que fue la primera que le conocí, y que llevó a Richard y a su compañía a una larga y exitosísima temporada por México y otros países, algunos tan lejanos como Egipto.

A ésta se sumaron otros montajes memorables como Cuerdas, El Evangelio
Según Clark, Psicoembutidos, Por Favor no Mande Riñones por Correspondencia, Monster Truck, Desvenando, Mole
Escénico…

Bozal se presenta en el teatro Julio Castillo y la aventura arranca desde el momento de adquirir el boleto, pues hay tres modalidades: butaca, escenario (espectador) y escenario (participante).

La primera es, obviamente la tradicional: uno llega se sienta y ve lo que sucede en escena; la segunda incluye una colchoneta, en la que cómodamente uno se recuesta en el escenario y mira hacia arriba para enterarse de todo lo que sucede.

La tercera opción es realmente una experiencia que arranca en el vestíbulo del teatro, donde te explican que tu participación significa ser elevado en algunos momentos hasta ocho metros sobre el escenario, por lo que lo primero que haces es firmar una responsiva de aceptación de los riesgos que ello implica.

Después pasas a que una báscula, y dependiendo de tu peso deciden si ‘volarás’ sentado en una canastilla, o de pie en una especie de jaula vertical.

En total 36 personas son elevadas en cada función. 18 sentadas y 18 de pie.

Antes de subir te explican las medidas de seguridad e incluso de emergencia para cualquier contingencia. Y luego arranca la función. Durante cerca de 90 minutos subes y bajas a distintas alturas, al igual que dos de los tres actores que participan en el montaje.

Una historia apocalíptica, intergaláctica, de la que seguramente cada espectador recibe y entiende algo distinto es lo que vemos mientras probamos nuestra tolerancia a las alturas.

A diferencia de otras puestas de Viqueira, en las que me encantaron el montaje y la historia que abordaban, en ésta me quedé con la sensación de que el público vive de manera intensa la experiencia única de ‘volar’, ser parte del montaje y poder verlo, literalmente, desde distintos ángulos; y recibe poco en el tema dramaturgia e historia.   Se agradece, eso sí, la inquietud permanente de Richard Viqueira, por no sentarse a esperar, sino su constante búsqueda y sus deseos, nunca mejor aplicado que hoy, de echar a volar sus ideas, para conmover al público.

Bozal se presenta hasta el 16 de abril en el teatro Julio Castillo