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Experiencias olímpicas

  • Jaime Alcántara

“No es grande el que siempre triunfa, sino el que jamás se desalienta”

José Luis Martín Descalzo
Independientemente de los aciertos o pifias de Alfredo Castillo (y, Carlos Padilla, por supuesto), de que si la novia con uniforme caro, o de la engorda de la Delegación con su masajista, la competición cuatrienal fue toda una experiencia.

Claro que nos sentimos emocionalmente mal con sólo cinco medallas, en lugar de las siete de Londres, en 2012; o, las nueve del México 68.

Ya no sabíamos ni dónde meternos, por la desesperación deportiva, cuando eliminaron a la oncena tricolor; o, ante el fracaso de las arqueras, otrora esperanza y realidad mexicana.

Afortunadamente, aparecieron en la escena el chihuahuense Misael Rodríguez y la representante de la Armada de México, Lupita González, para medio apaciguar nuestro palpitante corazón olímpico. Habríamos de sufrir con María del Rosario Espinoza y Germán Sánchez, y alegrarnos con el inesperado pentatleta Ismael Hernández.

Yo no sé qué hicieron de malo Alfredo Castillo y Carlos Padilla (Conade y COM). El primero, eso creí leer, acusó de abuso a algunas Federaciones deportivas; el segundo, las defendía. Quizá lo sano hubiera sido hacer esos ajustes y reajustes en privado, pero como decía don Poncio Pilatos: scriptum, scriptum est. Lo importante es lo que viene.

El asunto competitivo, en sí, es otro boleto. La manera como han cambiado las normas, las reglas, afectan, creo yo, parte de la esperanza del espectáculo precioso, a secas. Vimos competencias que no eran competencias, disparidades que jamás deberían presentarse.

Por ejemplo, qué podría hacer ante el famoso dreamteam, de los Estados Unidos, una escuadra como la de México o de la mayoría del mundo. Quién podría ganarle a Novak Djokovic, a Nadal o al mismo Del Potro, vencedor de los dos anteriores. Quiénes, me pregunto, de los tenistas, aún del mundo desarrollado podrían ser exitosos, si vemos que todos los días a todas horas, a Djokovic, Nadal, Murray; igual que a las hermanas Williams, a la Sharapova, ganándoles, a veces con palizas a otras tenistas, que aspiran a bajarlos del ranking y a bajarles algo de los millones de dólares que se embolsan una y otra vez.

Qué hace Neymar, considerado uno de los mejores del mundo, en un equipo que compite con otros, que hacen lo posible por destacar en el escenario olímpico.

Me quiero imaginar a Cassius Clay (Muhammed Alí), campeón mundial de peso pesado, metiéndose al ring con cualesquiera de los aspirantes a una medalla en el boxeo.

Ni duda cabe que son los intereses económicos los que pervierten la sana competencia que podría arrojar resultados asombrosos. El mismo C. Clay fue combatiente amateur, olímpico, para después erigirse, ya en el terreno profesional como uno de los mejores del mundo.

Ocurre, más o menos lo mismo, en el terreno profesional del futbol en México. Durante mucho tiempo, hubo resistencias a efecto de no dejar a más de dos o tres extranjeros, que jugaran en territorio nacional. Hoy son siete.

En ambos casos, en las Olimpiadas (contienda amateur) o en el futbol mexicano, poco habremos de esperar, para mirar más deportistas destacados, si se siguen metiendo trastornos en eventos que tuvieron una meta, una idea.

Ya para terminar. ¿Y, aquellas otras Olimpiadas? las del conocimiento. A las que concurrieron los estudiantes mexicanos que obtuvieron preseas de gran valor, ante lo mejor del mundo ¿alguien sabe de ellos? ¿Alguna marca, un patrocinador, se ocupó de esos brillantes estudiantes? Y, éstas, éstas sí pueden definir el futuro inmediato de México.
jaimealcantara2005@hotmail.com