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Explosión de Corea del Norte revive la pregunta: ¿Cómo se contiene a Pyongyang? / David E. Sanger

WASHINGTON.- Al comienzo de su primer mandato, el presidente Barack Obama condujo una rápida triada con respecto a cómo enfrentaría su administración una gama de desafíos nucleares: Enfocarse en detener el programa nuclear de Irán antes de que lograra fabricar un arma, pero no desperdiciar mucha energía intentando reducir el programa norcoreano que ya había fabricado un pequeño arsenal al cual el país, desesperadamente pobre, tenía pocos incentivos de renunciar.

Fue una tirada de dados pragmática. Si bien pasarán años antes de que pueda evaluarse la sabiduría de la estrategia a largo plazo, Irán, impaciente por hacer que se levanten las sanciones en su contra, embarcó 98 por ciento de su reserva conocida de combustible nuclear a Rusia la semana pasada, con mayor probabilidad, paralizando su capacidad de construir un arma a lo largo de la siguiente década.

Sin embargo, los norcoreanos tienen una forma de portarse mal cuando se sienten ignorados. La detonación que sacudió al noreste de Asia por la mañana del miércoles y el alegato de Pyongyang, en el sentido que hizo estallar su primera bomba de hidrógeno -el alarde ahí constituye buena razón para tratarlo con escepticismo-, es un recordatorio de que los norcoreanos han estado en algo similar a una ola de gasto atómico, mientras negociadores estadunidenses estuvieron enclaustrados en Viena cerrando tratos con los iraníes.

Como han estado advirtiendo tanto expertos nucleares foráneos como oficiales de inteligencia de Estados Unidos en informes confidenciales e informes divulgados durante más de un año, todo parece indicar que ahora el pequeño arsenal nuclear de Corea del Norte está a punto de convertirse en uno de buen tamaño. Los estimados varían, pero muchos creen que el arsenal pudiera contener más de 20 armas para finales de este año. Siegfried S. Hecker, el exdirector del Laboratorio Nacional de Los Álamos y el hombre al que los norcoreanos han permitido entrar periódicamente en sus instalaciones más secretas, para convencer a Washington de su destreza, el año pasado calificó eso de “muchísimas bombas”.

En el ínterin, Corea del Norte ha mejorado tanto el rango como la movilidad de sus misiles, haciendo que sean más difíciles de disuadir o eliminar si el régimen norcoreano se viene abajo o decide salir en una llamarada suicida de gloria. Oficiales militares de alto rango de EU han ofrecido periódicamente evaluaciones públicas, que el Norte probablemente ahora tiene la habilidad de encoger un arma nuclear a un tamaño suficientemente pequeño para que quepa encima de una de esas armas, lo cual quiere decir que el régimen más impredecible del mundo pudiera amenazar creíblemente a Corea del Sur, Japón, las fuerzas estadunidenses en el Pacífico y, con el tiempo, la Costa Oeste de Estados Unidos. La única gracia salvadora es que en muchos ensayos de misiles a lo largo de los últimos años, los norcoreanos han demostrado repetidamente que tienen pésima puntería.

Si los norcoreanos realmente han dominado la ingeniería de un arma termonuclear, eso incrementaría marginalmente la severidad de esa amenaza. Pero en términos políticos, eso renueva una pregunta: ¿Qué se hace con un problema como Corea del Norte?

Resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – se preveía que el consejo se reuniera este miércoles en respuesta al ensayo más reciente – claramente tienen escaso efecto. Además, las esperanzas de que el Gobierno norcoreano colapse han terminado siendo una fantasía hasta ahora: si Kim Jong Un sigue en el cargo el 20 de enero de 2017, la dinastía de la familia Kim – abuelo, padre e hijo – habrá durado más que una docena de presidentes de Estados Unidos.

Sin embargo, lo que la administración Obama ha anunciado como “paciencia estratégica” – no exagerar la reacción a cada ensayo norcoreano y exigir un pago mientras se continúa la presión a través de sanciones hasta que el Norte acceda a negociar -, bien pudiera ser juzgado por detractores de la administración como algo que pavimentó el camino para un arsenal del tamaño del de Pakistán.

“La paciencia estratégica ha llevado a la aquiescencia”, dijo Robert Litwak, del Centro Internacional Woodrow Wilson Internacional para Académicos, así como el autor de “Outlier States: American Strategies to Change, Contain, or Engage Enemies”, dijo este miércoles. “Vaya contraste con el esfuerzo y creatividad que la administración puso en el caso iraní”.

Desde el punto de vista de Pyongyang, hay escaso incentivo para renunciar al arsenal nuclear. El mundo no está exactamente golpeando a la puerta de Corea del Norte para hacer negocios a la manera que quiere para reanudar relaciones con Irán: El Norte no tiene petróleo, ni próspera clase media y su valor estratégico en el mundo moderno es poco. Su mayor poder es la amenaza que representa para uno de los rincones más prósperos del mundo.

Sin embargo, muchos también consideran que es demasiado peligroso permitir que Norcorea falle. Los chinos saben que si deja de existir, los surcoreanos, y sus aliados estadunidenses, estarán en la frontera china. Los surcoreanos saben que si estalla un conflicto, el Norte perderá… pero solo después de que Seúl, a solo 56 kilómetros aproximadamente de la frontera norcoreana, sea una ruina humeante.

Así que la estrategia norcoreana consiste en subir la apuesta y esperar que el mundo la reconozca como una potencia de armas nucleares con la que tiene que tratar. Bomba H o no, las armas nucleares son la póliza de seguro del país, y el ensayo fue una señal de que no tiene intenciones de cobrarlo.

©The New York Times 2016