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¿Fecha de caducidad? / Mujeres en Busca de Sexo / Celia Gomez Ramos

“La superstición trae mala suerte”

Raymond Smullyan

¿Por qué en las generaciones pasadas–se cuestiona una amiga mía–, los padres, los abuelos también, se resignaban más a su vida en cada etapa y a envejecer tranquilamente, y no cómo ahora?

Ellos estaban mejor preparados de lo que estamos nosotros para hacernos viejos. Yo, me rehúso, me comentaba. No me quiero jubilar, quiero seguir trabajando, continuar arreglándome todos los días, verme bien, mantenerme vigente y no sentir que ya comienza el declive.

¡Qué importante puede ser aquello a lo que uno le otorga poder y atributos! Porque su caso no es calamitoso, tiene las posibilidades económicas para disfrutar la vida, pero nunca había estado en la encrucijada de tener los días completos para decidirlos sola sin hacer algo productivo para otros y no para sí misma. Esa importancia de sentirse útil. ¿Qué hace con su tiempo y con su vida?¿Qué hace con su cuerpo?

Cuando a mí me salió con eso, yo como siempre en mi mundo, ni lo había pensado. Muchas veces no soy la mejor de las interlocutoras, pues solo escucho, y hasta tiempo después como de ramalazo me cae el conocimiento, por decirle de alguna manera. Uno no siempre tiene respuestas y es mejor dejar que se procesen e incluso, a partir de cuestionamientos o aseveraciones profundas, empezar a analizar y observar.

A mí desde niña me ha interesado la vejez y me ha parecido fundamental saber al respecto, también me lo ha parecido el sexo, y no obstante ello, no había bordado seriamente sobre el asunto.

Ayer justamente, y por ello lo traigo a cuento y con la buena educación que les he aseverado en diversas ocasiones, veía una película europea. Imagínense ustedes la escena. El lugar es una playa nudista, nada qué ver con Zipolite, no vayan ustedes a creer, porque en la transmisión, las parejas vienen a tener sexo en público, ese es el chiste de todo. Llegan en grupo, en parejas y desde luego, otros tantos que van solos. No vi en la película que mujeres fuesen solas, pero…

El caso es que no eran parejas entre los vente y los treinta, ¿cuarenta también tal vez?, sino los sesenta en adelante. No sé qué puedan pensar ustedes al narrarles esto, pero a mí me gustó mucho pensar en el placer sexual y sensual en la tercera edad. Así que me encantó observar ese video.

Por supuesto que es extraño, más cuando estamos acostumbrados a ver en películas y en nuestra vida cotidiana, solo a parejas muy mocosas o a gente joven o madura, alimentando nuestros instintos, a partir de los suyos.

Nosotros, como sociedad, también estamos poniéndonos fecha de caducidad y para todo, al ser inflexibles y limitados de pensamiento. Al pensar que todo está en la juventud perpetua del cuerpo, cuando las emociones no necesariamente dejan de existir, de fluir y de hacernos vibrar e incluso conmocionarnos con agitación.

Algo de esta película que vi a detalle, fue que las parejas ciertamente no solo tenían sexo con quienes iban, sino que lo hacían en grupo. Algo muy curioso fue observar, como un conjunto de varones, más jóvenes, se apostaron frente a ellos, parados, masturbándose, mientras las parejas a las que miraban, compartían, se besaban, abrazaban y tenían sexo.

Recordé entonces aquel cine Erótica al que fui, frente a La Ciudadela, del que les conté hace tiempo, que aunque la película que se exhibe es porno, el espectáculo fundamental se presenta cuando una pareja se comienza a acariciar y excitar… No solo corren las miradas para aquellas butacas, sino que la gente se acerca. Yo de ahí me fui a los 10 minutos, sin embargo, mirando esta película, pensé primero que la conducta de mirarse unos a otros era muy animal, para luego comentarlo con mi caballero acompañante, que me dijo: -¿Desde cuándo los animales son mirones o voyeuristas? Los animales no se ven unos a otros cuando copulan.

Pues claro, no podía contener la risa. Ahora sí que parecí principiante y muy tonta, me dije. Eso es algo únicamente propio de los seres humanos, somos los seres humanos los que nos contamos historias, los que las elaboramos en nuestra mente y sentimos en nuestro cuerpo. ¿Entonces, por qué nos damos tan corto tiempo de vida útil? ¿En serio queremos ponernos fecha de caducidad?

Pienso que debemos aprender a mirar mejor y a disfrutar más. A amarnos y desearnos a cualquier edad y qué tal, no andar con la idea culposa de qué podrán pensar los demás, porque no importa.

Y los dejo con la frase de una sabia mujer: Mis abuelos se levantaban muy temprano y lo primero que hacían era el sexo oral. Recuerden queridos lectores, que las supersticiones traen mala suerte…
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