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Federico A. Ling Sanz Cerrada

  • Federico Ling Sanz

Rescatando al secuestrado

Recuerdo muy bien una película de espías, de esas bastante recientes, en donde hay una persona secuestrada en una locación de guerra, y están tratando de rescatarlo. Por supuesto, el cine Hollywoodense pinta a los soldados estadunidenses como superhéroes, y en este caso la milicia “americana” está barajando diversas opciones. Lo primero que se les viene a la mente es hacer un ataque con “drones” y enviar a un comando que rescate a la persona; sin embargo, nadie está seguro de dónde se encuentra. Finalmente, los aliados (al parecer de algún país de Medio Oriente) mediante labor de inteligencia, logran rescatar al individuo. Cuando en la escena siguiente se confrontan el espía de la CIA y el del país en cuestión, este último le dice que el rescate fue posible a la labor de la inteligencia que ellos hicieron y no a un ataque masivo: ellos tenían a un informante dentro de la organización criminal. El mensaje – aunque es una película sacada de todo contexto y toda realidad – me queda claro que tiene algo de cierto.

Creo que a veces subestimamos el valor de las cosas pequeñas. No nos damos cuenta que importan mucho más las relaciones interpersonales que las grandes reglas sociales. La gente respeta mucho más aquello que ama y valora, que aquello que le impone temor. Quizá estoy contradiciendo lo que dijo Nicolás Maquiavelo hace más de medio milenio (es mejor ser temido que ser amado; pero nunca hay que ser odiado). La moraleja es clara: ¿de qué sirven las grandes empresas e incursiones militares, si las campañas las puede ganar un solo hombre que esté de nuestro y esté dispuesto a ayudarnos? Como dice el dicho en México: “se consigue más con una gota de miel que con un barril de hiel”. Y a todo esto se preguntará usted: ¿a qué viene al caso todo?

En mi opinión personal, como lo he dicho en múltiples ocasiones, la realidad nacional y social de nuestro país va a cambiar conforme cambie nuestra propia realidad personal. Si nosotros no acabamos de entender este principio, jamás vamos a lograr hacer las cosas diferentes. Tenemos que ser capaces de entender que somos nosotros los que moldeamos a la realidad y no al revés. Si nosotros esperamos que la solución esté fuera de nosotros: en las grandes reglas, en las leyes, en la coerción, en las campañas militares, y no nos dedicamos a observar, cultivar y hacer florecer los pequeños detalles y aquellas cosas sencillas que son mucho más poderosas que todo lo anterior, jamás vamos a lograr nada.

La realidad y la composición social de México está entretejida con hilos de diferentes colores y texturas. En cada uno de ellos requerimos diferentes mecanismos para atender los retos que enfrentamos. Un país tan diverso como México no se va a arreglar desde afuera. Ciertamente hacen falta límites y fronteras claras, pero allí no debe quedarse la solución solamente. ¿Por qué no respetamos las normas y las leyes sociales? La respuesta es porque tampoco respetamos aquellas que nosotros mismos debemos imponernos. Nadie puede dar lo que no tiene, y nadie respeta en lo ajeno lo que no respeta en lo propio. Si queremos ganar las grandes empresas de nuestra vida y “rescatar al secuestrado”, tenemos que confiar más en los detalles que lo harán posible. Tenemos que encontrar a ese aliado que está de nuestro lado para tener éxito en nuestra misión, más por devoción que por obligación. Allí es donde está el verdadero secreto del cambio en nuestro país.

www.federicoling.com y @fedeling

* Maestro en Análisis Político y Medios de Información