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Fenómeno de las niñas madre | Punto de referencia | Daniel Aceves Villagrán.

  • Daniel Aceves Villagrán

En septiembre del 2000, Nueva York fue sede de la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, en donde 189 países discutieron y comprometieron ocho líneas de acción y sus objetivos, conformando la Declaración del Milenio. Uno de los temas que aborda dicho documento es el mejoramiento de la salud materna, porque constituye un punto neurálgico que afecta el avance hacia los Objetivos del Milenio. En Latinoamérica se observa que la fecundidad en la adolescencia es alta y no da indicios de disminuir al ritmo que se necesita, debido a su relación con entornos donde existe un alto grado de marginación, que no solo refleja pobreza monetaria o alimentaria, sino también ausencia de derechos reproductivos efectivos y de protección ante un embarazo adolescente; además se ha identificado como parte fundamental la barrera que existe entre los médicos y los menores de edad, falta de empatía entre ellos al sentir que ocurre un encuentro poco comprensivo sobre la realidad de la vida sexual de las jóvenes madres.

Particularmente en el caso de nuestro país, cifras oficiales muestran que cada año aproximadamente 400 mil adolescentes en un rango de edad de entre 10 y 19 años quedan embarazadas, cifra que desde 2006 no ha disminuido, siendo un foco rojo porque implica mayor riesgo de salud a nivel perinatal y en el puerperio, sin olvidar el aumento en la probabilidad de mortalidad infantil, además de colocar a las madres en un escenario donde la exclusión social, laboral y educativa amenaza con marcar sus vidas.

Entre 2006 y 2014 se registraron en México más de tres millones y medio de nacimientos donde la madre es menor de 19 años, siendo especialmente alarmante el 2009, donde ocurrieron 441 mil 507. Actualmente, los Estados que presentan la mayor incidencia de fecundidad juvenil (número de embarazos por cada mil adolescentes) son: Coahuila (55), Baja California Sur (51), Colima (49), Aguascalientes (48), Tlaxcala (47), Durango (47), Tabasco (44), Chihuahua (43), Michoacán (43) y Guerrero (43); situación que llevó a la creación de la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo Adolescente, en donde el Gobierno federal busca reducir en 50 por ciento la tasa de fecundidad entre menores de 19 años para proteger la salud y contribuir a generar condiciones que la favorezcan, situación que refuerza la importancia del autocuidado de la salud, ya que si se conocen los conceptos básicos en el rubro de sexualidad en la adolescencia, se pueden seguir conductas saludables para tener una vida plena que pueda romper con esta tendencia.

No hay que olvidar que existen conductas o percepciones erróneas de lo que representa un embarazo a temprana edad; una niña no debe educar a otra niña, ya que existe una correlación significativa entre la maternidad temprana, menor rendimiento educativo y peor resultado en el mercado laboral para las mujeres. Así la educación y planeación constituye un eje fundamental para el mejoramiento de la calidad de vida y no únicamente a mediano sino a largo plazo, equilibrando el tamaño de las familias para disminuir las conductas negativas a través de las generaciones (madres adolescentes suelen tener hijas con alta probabilidad de repetir el patrón). El reto para nuestro país radica en brindar a los más de 22 millones de jóvenes (de los cuales el 23 por ciento tienen vida sexual) el conocimiento, la disponibilidad de métodos anticonceptivos y los programas diseñados para ellos, para que las futuras generaciones no comprometan su futuro y puedan disminuir la probabilidad de formar familias en edades muy tempranas y que probablemente no logren romper con el ciclo intergeneracional de pobreza.

danielacevesv@yahoo.com.mx

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