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Fernando del Paso, un ejemplo / Resplandores / Benjamin González Roaro

  • Benjamín González Roaro

El pasado fin de semana, el novelista mexicano Fernando del Paso recibió en España el Premio Cervantes de las Letras, el máximo reconocimiento a los escritores en la lengua española.

No deja de llenarnos de orgullo que este destacado escritor haya sido el sexto mexicano en recibir el más importante galardón de las letras. El discurso pronunciado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares contiene mensajes y relatos interesantes; en este espacio quiero rescatar dos de los aspectos más relevantes:

En primer lugar, celebro su compromiso de expresar, más que denunciar, en unas cuantas líneas, la realidad que vive el México de nuestros días y que cotidianamente cada uno de nosotros atestigua de diferentes formas; desde los testimonios personales en redes sociales que van acompañados de fotos, videos y relatos, hasta la cobertura que otorgan los medios de comunicación a sucesos específicos a través del periodismo de investigación.

Cito textualmente la visión del escritor premiado: “Las cosas no han cambiado en México, sino para empeorar, continúan los atracos, las extorsiones, los secuestros, las desapariciones, los feminicidios, la discriminación, los abusos de poder, la corrupción, la impunidad y el cinismo. Criticar a mi país en un país extranjero me da vergüenza”.

Esta opinión no solo coincide con la de muchos de nosotros, sino que también confronta la versión oficial, que a través del discurso y la propaganda pretende mostrar un rostro distinto de nuestro país.

Más allá de los desafíos que existen en otros ámbitos como el social –pobreza, desigualdad y exclusión– y el económico –estancamiento, desempleo, falta de competitividad, etc.– Fernando del Paso consigue enumerar los que, muy seguramente, constituyen los principales problemas que preocupan a los mexicanos en todo el país, pues miles de ellos los han padecido en carne propia.

Se trata de un conjunto de déficits no resueltos que, con toda razón, explicarían las razones por las que muchos de nuestros gobiernos, tanto a nivel federal como local, registran muy bajos niveles de aprobación y confianza en la sociedad.

En segundo lugar, quiero destacar el ejemplo de vida que también nos ha regalado don Fernando del Paso.

En su discurso compartió que “la lucha más prolongada que he sostenido en la vida ha sido contra mi propia salud”… “hasta el momento actual, en que supero las secuelas, largas y dolorosas, de dos series de infartos al cerebro de carácter isquémico, he estado cuando menos 15 veces en el quirófano: por una apendicitis, por dos hernias, dos tumores benignos, un desgarre en el corazón, un stent en la arteria femoral superficial de la pierna derecha, otro en la arteria coronaria izquierda, dos oclusiones intestinales y entre otras cosas dos operaciones de las que llaman “a corazón abierto”. Además de recurrentes ataques de gota y una fractura del tobillo derecho…”.

Desde luego, celebramos la entereza y el buen ánimo del escritor; pero hay algo más trascendente que deseo subrayar: la lección de optimismo, de vitalidad y de amor por la vida que, a sus 81 años de edad, nos transmite este mexicano ejemplar.

El Premio Cervantes no podría haber llegado en mejor momento para Fernando del Paso; más que un reconocimiento a su talento que se ha traducido en extraordinarias obras literarias, estoy convencido que se trata de un reconocimiento a un ser humano excepcional.

¡En horabuena!