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Fernando Solana | Numerados | Camilo Kawage Vera

  • Camilo Kawage

1.- En ocasiones parece más fácil procurar que se abra el Mar Rojo para que pase Moisés con los israelitas en éxodo a la libertad, que buscar un paréntesis en el sangriento maremágnum que azota el mundo en 2016, o un resquicio de luz en las lobregueces noticiosas de nuestro amado México. Entre las tinieblas de la civilización con que el terrorismo asuela la razón, siega la vida y expande el pavor y el miedo; y un Occidente que parece cada día más acorralado por la amenaza cumplida del odio y la venganza. Y entre los escenarios de mezquindad y desvergüenza aquí en el vecindario, y la aparente impotencia de las autoridades que tienen ardiendo regiones enteras del país, nos olvidamos a veces hasta de la memoria.

2.- Hace días, el 23 de marzo dejó de existir un visionario mexicano, de esos que dejan estela de bien por donde pasan; que trascienden su tiempo y en cuya visión quienes los tratamos de cerca capturamos una lección, una solución, un dejo de genio creador y meditado para el futuro y el de los que nos siguen. Esa es la estatura de Fernando Solana: un carácter recio y sin aspavientos; un maestro nato, una mente matemática de ingeniero, que supo nutrir en la inagotable fuente de las humanidades, la filosofía, la política; la economía y la sociología. Y un don de gentes en cuya discreción retrataba la sencillez de los grandes.

3.- Por esas calidades, y su alergia natural al reflector, pocos conocen la trayectoria de don Fernando (le molestaba que le dijeran ingeniero, licenciado, maestro). El acontista lo conoció niño, en 1969 siendo Secretario General de la UNAM donde, con Barros Sierra, había atravesado uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de México, con la gallardía, inteligencia y conocimiento de la condición humana que cultivó siempre. Su prudencia y sensatez contribuyeron sin duda a evitar que los acontecimientos cobraran dimensiones aún mayores de las que tuvieron.

4.- Luego ejerció sus habilidades técnicas al frente de la planeación y finanzas de la enormidad que fue Conasupo, y como secretario de Comercio al inicio de la administración de José López Portillo, quien tras un año tuvo el tino de designarlo titular de Educación Pública, y cuyo paso aún se evoca en instituciones como el Conalep y otras hoy vigentes. Al descarrilamiento del sistema financiero que tuvo en la nacionalización bancaria uno de sus más ingratos capítulos, Miguel de la Madrid lo designó director general de Banamex, donde tuvo el discreto mérito de mantenerlo a flote, y el formidable talento de hacerlo crecer.

5.- Con todo ese bagaje institucional (uno de los otros era su biblioteca personal, que sólo lo conocía a él), era entendible que fuera designado secretario de Relaciones Exteriores en la gestión de Carlos Salinas de Gortari. Además de apadrinar más de una generación de diplomáticos a los que instruyó con su saber; encaminó con su ejemplo, y relanzó en la seguridad de cada uno, don Fernando condujo la diplomacia de México desde sus raíces hasta los esquemas novedosos de la Política Exterior mexicana del siglo XXI, de la que es precursor. Cuestiones prácticas aparte, creó escuela, y con esa categoría excepcional, supo hacerse a un lado para dar gusto a los caprichos de Manuel Camacho. Con la sencillez de los grandes. La Patria reconocida le debe un justo homenaje.

6.- Un severo quebranto de salud impidió a estos Numerados observar su frecuencia durante algunas semanas. Muchas gracias por las expresiones de simpatía y afecto y, al amable lector, por su benévola paciencia.

camilo@kawage.com

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