imagotipo

FICM. Reflexión y recuento

  • La moviola/ Gerardo Gil

Dos reflexiones se desprenden sobre la 14° edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). La primera que el cine es un vehículo concreto de cohesión social, ya que el interés que genera este evento trasciende al medio cinematográfico y se traslada al público en general. No todos los Festivales pueden dar cuenta de este hecho.

La segunda reflexión tiene que ver con la programación del Festival, es decir, el tipo de películas que se ven. Los estrenos hollywoodenses programados sirven de vehículo de promoción de filmes que están por llegar a la cartelera y generalmente abarrotan las salas de público no necesariamente especializado. El musical La Laland: una Historia de Amor y Sully dirigida por Clint Eastwood, son dos ejemplos de este hecho.

En el caso del cine mexicano, esta edición sirvió para ver el tipo de cine que se está haciendo. La Sección de Largometraje Mexicano en Competencia es un buen ejemplo. De las 15 películas programadas, la mayoría se limitaron a la apuesta de ejercicios escolares estilísticos y una ausencia para narrar y manejar la ficción. El uso de los llamados non-actors fuel el sello de la casa. En la Sección destacó La Región Salvaje de Amat Escalante, quien se hizo acreedor al León de Plata en el Festival de Cine de Venecia por Mejor Director. La película, que se desarrolla en Guanajuato, cuenta la historia de una familia envuelta en un crimen de odio sexual, cine de horror, ficción y denuncia social, lo cual le da hibridez de género al filme que fluye con fuerza narrativa.

También destacó El Sueño del Mara ‘Akame de Federico Cecchetti. A través de la historia de “Neri” un adolescente huichol que desea formar parte de una banda de música que actualiza la música tradicional, se hace una reflexión sobre la importancia de preservar las raíces, pero sobre todo, “Neri” hará un viaje de autodescubrimiento y reafirmación adolescente, ante la mirada firme de su padre, el chamán de la comunidad.

La película que desarrolla una historia de ficción y lo hace creando mundos mágicos y momentos de denuncia social y cultural, pone el tema también de Wirikuta y el peligro de explotación y desintegración cultural que enfrenta. Ceccheti demuestra que trabajar con non-actors no es pretexto para la frivolidad discursiva y paternalista.

La Caja Vacía de Claudia Sainte-Luce, sobre una joven, Jazmín (Sainte-Luce), quien debe cuidar a su padre, un Toussain (Jimmy Lean) un haitiano de 60 años después de no haber convivido mucho tiempo. La directora regresa a temas que ya había presentado con anterioridad en Los Insólitos Peces Gato (2013), la soledad, la redención, la tercera edad y la enfermedad. A pesar de su habilidad narrativa, el filme por momentos se siente lento en ritmo, pero en perspectiva, es de lo más destacable en la Sección.

El desperdicio crónico a una primera actriz se la lleva el ejercicio preciosista escolar Todo lo Demás de Natalia Almada, sobre una mujer ahogada en su soledad. La película nunca termina por desarrollar una historia coherente, a pesar de que la anécdota –en eso se queda- no es mala. El talento y voluntad de Adriana Barraza salva el barco.

En cuanto a la Sección de Estrenos Internacionales Documentales, destacó They Call us Monsters (Ben Lear,2016). El trabajo cuenta el proceso de creación de un guión de ficción por parte de un grupo de adolescentes presos en California y en peligro de ser condenados a cadena perpetua. Lear, les imparte el taller y a la vez da seguimiento jurídico al proceso que enfrentan los muchachos.

Con escenas también de la película creada con el guión de los jóvenes, el filme ve sin concesiones ni paternalismos cada caso. Fuerte pero nunca estridente testimonio que deja un sabor más bien amargo.

Manda Huevos de Diego Galán, un documental que analiza la mirada que el cine español ha tenido de la figura masculina, sirve de pretexto para ver con humor (a veces se engolosina el director) la historia de España. La película es construida con base en crestomatías.

En resumen, esta edición demostró una ausencia de ficción en la mayoría del cine mexicano, y el saber
combinar el gusto popular con el público festivalero.