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Fidel Castro: el dilema entre igualdad y libertad en Cuba

  • Marco Bernal

  • Marco A. Bernal

Murió Fidel Castro, el último sobreviviente de la Guerra Fría y el actor político del siglo XX que inspiró a Latinoamérica con el ideal libertario de la revolución socialista. Por otro lado, se le reconoce como un dictador autoritario que gobernó a la población cubana con su propio ideal de justicia social. Hombre emblemático que dejó su marca en la historia, pero que también puso en duda la absolución que la misma le otorgaría.

La vida y obra de Fidel Castro planteó el dilema de cómo combinar libertad e igualdad. Castro encarnó la ilusión socialista. Ilusión que contagió a la población cubana de los años 50, y con la cual logró el triunfo de la revolución. El derrocamiento del dictador Fulgencio Batista, así como la triunfal entrada del caudillo a La Habana, atrajo la atención de todo el Continente Americano y del resto del mundo. La imagen del joven líder revolucionario que transformaría el régimen político de una nación hizo de Castro un símbolo de lucha antiimperialista.

Fidel Castro implantó un régimen socialista que llevó igualdad a la población cubana. Castro y Cuba se volvieron el ejemplo a seguir de muchos movimientos revolucionarios de la época. En todas partes se añoraba la revolución social castrista; pues era imposible no ver las acciones positivas del nuevo Gobierno: se procuraba buena nutrición a la población, se controlaban los problemas de drogas, se trabaja en mejorar la calidad de vida en materia de salud y se implementó una campaña de educación universal.

Castro mantuvo el poder a partir de una ideología nacionalista y una postura internacional anticapitalista. Estos factores fueron fortalecidos por el apoyo de la URSS y por el bloqueo económico de EU. Lo que generó una sociedad con una identidad nacional fuerte, que apoyó cada una de las decisiones del Presidente. Y así fue hasta que las constantes conspiraciones en contra del Gobierno cubano y la caída de la Unión Soviética, llevó al régimen a un hermetismo político y a su líder a la paranoia conspiracionista.

La idea de empoderar a la sociedad y consolidar una democracia quedó lejos de ser una realidad. Las elecciones nunca pasaron y se implantó una dictadura, que al paso de 47 años convirtió al caudillo libertario en un gobernante autoritario. El régimen castrista funcionó a partir de la concentración del poder en el grupo cercano al Presidente, y se declaró como traición todo acto en contra del Gobierno. Se controlaron los medios de comunicación y se limitaron las libertades de los ciudadanos cubanos.

Así, la solución de Fidel Castro al dilema de combinar igualdad y libertad quedó difusa. A la sociedad cubana se le prohibieron sus derechos políticos. La justicia social se convirtió en precariedad social. La calidad de vida del líder de la revolución y su grupo cercano se contrastó con la mala calidad de vida de la población general. La figura de Castro pasó de representar el ideal revolucionario a la de un dictador más en América Latina. La combinación de igualdad y libertad cubana nunca se concretizó.