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Fortalecimiento del Estado-nación

  • Héctor Luna de la Vega

La evolución del Estado-ciudad (“polis”) al Estado-nación implicó unificar pueblos, establecer un idioma común, dominación militar, predominio cultural, ley y economía territorial. Esta fue la historia de la humanidad desde Mesopotamia en el 2900 a.C. con esplendor en el 800 a.C. en la antigua Grecia, resaltando Atenas y Esparta, pasando por la época de los reinados medievales hasta los nacionalismos democráticos.

En la Segunda Guerra Mundial surgen los bloques de los Aliados y del Eje, en una confrontación de dominación bélica, la cual propició el establecimiento de una fuerza militar conjunta y una posterior Guerra Fría de décadas. Se crea la necesidad de una estrategia geopolítica para unir al mundo con organismos multinacionales: políticos como la ONU; aeronáuticos como OACI, de fuerzas militares como la OTAN comerciales como OMC y OCDE, financieros como el FMI y Banco Mundial, y de salud como la OMS.

La globalización comercial y financiera del mundo y la vecindad territorial de las naciones, derivó en la conformación de los Estados-región en diferentes partes del mundo a distintas escalas y a partir de diversas realidades, intereses y modelos, tales como la Unión Europea, el TLC de Canadá-Estados Unidos-México, el Mercosur, la OPEP, etc., sin embargo, esa línea del destino geoestratégico hoy se encuentra en entredicho.

Con la llegada de Trump a la Presidencia de Estados Unidos, la creciente ola terrorista en el mundo, la salida de Inglaterra de la Unión Europea y el resurgimiento de los proteccionismos en los países más desarrollados, el escenario geopolítico nos lleva a pensar en la necesidad del fortalecimiento del Estado-nación. No para aislarse del mundo económico, financiero y comercial a escala global, sino para ponderar la superioridad del interés nacional sobre el internacional, como si nos fuéramos a preparar para nuevas guerras comerciales y militares en el mundo.

La idea de la prosperidad industrial, comercial y tecnológica recibió su primer freno cuestionándose el modelo económico a escala mundial, pues la desigualdad entre las naciones solo podía ser revertida con mejores equilibrios financieros y sociales entre los países ricos y aquellos en desarrollo, perdiendo los primeros la batalla del privilegio y los segundos avanzando en sus estrategias.

El nuevo “boom” separatista y el regreso al Estado-nación lo vemos re-ideologizado de derechas e izquierdas. Surgen modelos profundamente nacionalistas y discriminatorios como el caso del Brexit impulsado por la ultraderecha inglesa, gestando la primer ministro del Reino Unido (UK) la convocatoria a otros países para asumir la idea de su separación del Estado-región, lo cual es secundado por la francesa Marine Le Pen. Esto ha generado la tentación de Escocia de separarse de la UK por su riqueza petrolera y de gas, el Whisky y una sólida agricultura con alta riqueza forestal, así como sólido manejo de fondos de inversión y seguros.

El Estado-nación de mi interés es México, al cual le debemos todos una actitud de dignidad, unidad y trabajo conjunto de líderes y sociedad civil, para enfrentar los tiempos por venir, donde la llegada del presidente Trump es una llamada de atención a nosotros mismos, sobre el devenir histórico a forjar a partir de este inicio de 2017 y las elecciones locales, pero sobre todo el cambio del Proyecto de Nación de 2018, que sea para el bien de todos los mexicanos.
hectorluna2026@gmail.com