imagotipo

Fortalezas y fragilidades / Numerados

  • Camilo Kawage

1.- Según analistas financieros dignos de fe, desde hace varios meses nuestra moneda fluctúa conforme los números de Trump, hacia arriba cuando los indicadores de preferencias en la campaña del republicano tienden a la baja, y viceversa. De acuerdo con ese parámetro, y por los niveles de valor que ha perdido el peso mexicano, al personaje debe estar yéndole de maravilla, y el dato podría proveer un asomo estrictamente técnico –por supuesto condenable desde cualquier ángulo que justificara la alfombra roja- para recibirlo en México; pero el reportaje de Bloomberg provoca espasmos nada más de pensar en la posibilidad de que ese señor ganara la elección. Más aún, con el susto del desmayo de la señora Clinton que, infelizmente, enciende toda clase de alarmas.

2.- El vahído de la candidata confirmó, además, otras sospechas, acusaciones que su equipo y ella habían querido mantener cubiertas con méritos más atractivos hacia su persona y su propósito. Se le tacha de falta de honestidad y de transparencia en su actuar, desde el asunto de los correos electrónicos que utilizó en el manejo de información altamente sensible y sin los elementos de seguridad apropiados cuando fue secretaria de Estado, hasta sus fallas de memoria cuando se le ha preguntado sobre el tema, pasando por su estado de salud, avivado éste tras el tropiezo urbi et orbi causado por una bronquitis mal cuidada.

3.- El consiguiente descenso en los índices de preferencia electoral de la candidata fue notorio en el curso de la semana y, si bien su contrincante llevó caudales a su molino con solo dejar correr la cascada de la opinión pública, notorio ha sido igualmente el capital que se dejó guardado bajo la manga para triturarla cuando se le ofrezca, más cercana la fecha de la elección, quizás en los debates que tanta influencia ejercen sobre los votantes. Trump hará gala de toda su farsantería, su egolatría y su perversidad con ése solo tema, que si no se pone las pilas, la señora saldrá diezmada.

4.- Incidencias como el golpe de calor hablan también de un factor que no es privativo de la candidata Clinton, de su país o de cualquier otro, y es la percepción de fragilidad que el asunto hizo palpable. Del fantoche neoyorquino se advierte su inestabilidad, su fatal ignorancia y su capacidad de generar confrontación como impedimentos para ser Comandante en Jefe –ya no digamos para conducir las relaciones internacionales, menos aún con sus vecinos inmediatos-, y tener a su disposición todo el poderío de destrucción. Y puede convertirse en el terror de los siglos. La señora carece tal vez de las virtudes de estadista, pero es la opción menos perniciosa.

5.- Si bien las elecciones tienen lugar en Estados Unidos y no aquí; si bien los que votarán son los americanos y no nosotros, debemos recordar que los electores suelen perdonar dislates, trampas y hasta pecadillos. Sin irse hasta las perlas de Nixon, la propia candidata tiene en casa uno al que se le han condonado conductas, por decir lo menos, “inapropiadas”. Lo que le pone a doña Hillary la cuesta más empinada es, a pesar de todo, la sensación de fragilidad que proyecta; por ello precisa apretar el paso y hacer ver que puede trepar una montaña sin despeinarse. Todo el mundo lo espera con ansiedad.

6.- Nunca nos habíamos ocupado tanto los mexicanos de una elección en Estados Unidos. Un dato ineludible será la capacidad de nuestro peso de recuperar su valor por sí mismo, y no depender de los caprichos del exterior.
camilo@kawage.com