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Francisco Fonseca

  • Francisco Fonseca

Mordiscos al aire

No es nueva la noción de la educación como un proceso que dura toda la vida; la educación es una necesidad permanente, es un elemento de la ciudadanía que es inseparable de otros y que, por consecuencia, debe ser universal y extenderse a lo largo de toda la existencia de cada ser humano, dígase niño, adolescente, adulto, de edad avanzada. La educación debe ser la preocupación más importante en el mundo moderno; es la tarea de la más alta responsabilidad para la mayor parte de las sociedades actuales.

La educación que se imparte en la primaria y la secundaria debe ser el resultado de las tesis del hombre completo, libre y consciente para integrar la formación y constituir la liberación y la realización del individuo. La educación media superior y la superior deben caminar sobre vías de sensibilización y de humanismo para que universitarios y profesionistas conozcan las necesidades físicas y espirituales de nuestro pueblo, les apliquen soluciones y de esta forma se responsabilicen ante la sociedad.

Los párrafos anteriores obedecen a que, ante la mirada atónita de la sociedad, trabajadores y maestros pertenecientes a sindicatos y coordinaciones se atacan permanentemente ya como un sistema de vida por prebendas y beneficios para ellos y les importa un cacahuate su privilegiada y honrosísima profesión. ¿No recuerdan, amables lectores, las imágenes de grupos de maestros en calzoncillos introduciéndose por la fuerza a la Cámara de Senadores? ¿Qué pueden tener de materia gris esos seudodocentes? ¿Qué pueden enseñar a sus pupilos sino violencia y arbitrariedad? ¿Con qué autoridad exigirán buenas calificaciones, cuando las propias son reprobatorias? Los maestros que participan en estas diferencias no tienen tesis de hombres completos, libres y conscientes, ni tampoco están sensibilizados y humanizados, y por lo tanto desconocen lo que es la responsabilidad.

Durante un número considerable de años se emplean tiempo, dinero y esfuerzo en preparar a estos seres humanos para que, habiendo obtenido un título profesional se comporten con una conducta digna de pulquería en escuelas y campus universitarios.

Las universidades en México se enfrentan año con año a un creciente número de aspirantes; la actual solución es limitar el ingreso aplicando difíciles exámenes de admisión. Los aceptados se mueven generalmente en estructuras de clase relativamente rígidas; además no fácilmente pueden ascender en la sociedad, y de esta forma nace un estudiantado frustrado en sus aspiraciones y propenso a acciones rebeldes, o con mentalidades destructivas.

¿Soluciones? Por el momento solo una: la construcción de aulas, escuelas, institutos, recintos de enseñanza, etcétera, al costo que sea, sabiendo que la transmisión de conocimientos y la enseñanza de la responsabilidad serán dos de las pocas soluciones que este país necesita para levantarse.

No es agradable gritar en el desierto, pero es más digno que sentarse, como han hecho por años y lo siguen haciendo las autoridades educativas, a tirar mordiscos al aire y puñaladas al mar.

pacofonn@yahoo.com.mx