imagotipo

Francisco Fonseca

  • Francisco Fonseca

Evocación de un padre

Hace 26 años, en un mes de mayo como éste, perdí a mi padre. Solo se alejó momentáneamente. Estaba por cumplir 87 años. Todo lo que un hijo pueda decir de un padre extraordinario es lo que diría de él en estas líneas: pero más importante que esta parte afectiva es el significado de los 87 años para un hombre que recorrió la vida por los caminos de la nobleza y la rectitud.

Ochenta y siete años se dicen fácil. Nació en 1903 y desde entonces acompañó al siglo en sus vicisitudes. Vivió brevemente la época porfirista: siendo un niño de siete años, recibió en 1910, en Palacio Nacional, una presea de manos del presidente Díaz, por la mejor declamación. Cuatro años después, el periódico El Imparcial publicó en su primera plana el 20 de noviembre de 1914, la fotografía del niño Francisco Fonseca García quien “recibió de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes el Premio Republicano por ser el alumno más adelantado al concluir el ciclo escolar”. En esa primera plana se recuerda el cuarto aniversario de la gesta revolucionaria, con varios artículos e imágenes del presidente Madero y del vicepresidente Pino Suárez.

Su inclinación lo guió por la difícil carrera de la medicina a la que dedicó más de 50 años de ejercicio profesional: en el Pabellón de Cirugía y en la Dirección del Hospital General, en la cátedra de clínica quirúrgica de la Facultad de Medicina de la UNAM, en la Subdirección General Médica del ISSSTE y en la consulta particular. Su impresionante curriculum podría ocupar gran parte de esta plana. Se recibió como médico cirujano en mayo de 1925. A partir de allí inició una carrera ascendente en su profesión y en su vida personal. “La medicina -decía- debe ejercerse como un apostolado”. Hablaba de humanismo y humanidad como las actitudes inherentes a cualquier actividad. Hoy, en este año 2016 la medicina se ejerce exactamente al revés, completamente deshumanizada.

También representó a nuestro país como delegado oficial en congresos y conferencias en 16 países. Recibió, tanto aquí como en el extranjero, títulos académicos y honorarios; destacan las Palmas Académicas de Francia, miembro del Colegio Internacional de Cirujanos, y miembro Fundador de la Sociedad de México Italia de Medicina y Cirugía. Le cupo el honor de haber sido uno de los fundadores de la Academia Mexicana de Cirugía en 1933, y posteriormente, en 1952, ocupar su presidencia. No podría, aunque quisiera y tuviera espacio, recorrer su sendero y narrarlo.

Fue un mexicano de substancia, de aquellos que forjaron a sus hijos y a quienes no lo fueron, pero a quienes quiso como tales, en el yunque de la vida y del sacrificio. Fue un mexicano que siempre creyó firmemente en su patria, desde la sala de primeros auxilios en una delegación de Policía, desde el consultorio médico, desde la dirección del Hospital General, desde la curul de diputado federal, desde la cátedra universitaria, desde la máxima responsabilidad médica del ISSSTE, desde cualquier punto de la tierra donde estuviese representando a nuestro país como médico, como funcionario, como mexicano.

Francisco Fonseca García Besné: el hombre y la profesión, inseparables. Un maestro de la vida, un maestro de la medicina. Sabiduría, humildad, abnegación y humanidad siempre caminaron junto con él. Era mi padre. Hablo libremente de él porque ambos estuvimos más allá de los convencimientos entre elogiante y elogiado. Hablo libremente del hombre que conocí, del profesional que admiré y del padre que amé. Hablo de él porque la conciencia me lo exige.

Fue mi padre. ¿Qué puede decir un hijo de un padre cuyas dimensiones escapan al elogio, al homenaje, a la honra cívica? Él estuvo más allá de todo eso; vivió con el mismo equilibrio, con la misma sabiduría, con la misma conciencia de ciudadano que deseó lo mejor para su patria y sus habitantes, que dio todo a cambio de una sonrisa, de un estrechar de manos, de un abrazo. Finalmente vivió con su magra y escasa pensión gubernamental. Quienes lo conocimos y lo quisimos lo recordamos permanentemente con cariño y nostalgia. Yo lo extraño con el auténtico amor de un hijo. Mucho, muchísimo me dio. Él sabe, hoy en día, cuánto lo necesitamos.

Doctor Francisco Fonseca García Besné: hace 26 años te alejaste por un momento. He querido hacer una breve semblanza de tu persona. Es todo.