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Francisco viaja al infierno / Cuchillito de Palo / Catalina Noriega

  • Catalina Noriega

Así lo publicó un periódico italiano, el día anterior al motín de Topo Chico. O el colega es vidente, o los horrores cotidianos de este trópico, lo llevaron a adivinar la masacre de 49 personas.

¿Qué habrá pasado por la cabeza del Pontífice, al enterarse de las consecuencias de la “riña” en el penal? Inteligente, como es, conoce al dedillo las circunstancias de un país, “de rodada en su caída”.

Como artífices de obras de teatro, que superan en imaginativa a las del mejor dramaturgo, nuestros ínclitos desgobernantes le prepararon un fantasioso
escenario.

Recepción a tambor batiente. Decorado hollywoodense, aunque aquí se nos caigan las mamparas y glamorosos actores y actrices, dispuestos a jugar el papel de adoradores. Un aplausómetro hasta el ensordecimiento, a fin de tapar el ruido de las balas.

Los auténticos creyentes, a la buena de Dios, en el intento para conseguir pagar el sitio en un balcón o una azotea -negociazo redondo para quienes, de acuerdo al ínclito delegado, violaron la ley al
subarrendar esos espacios-. Otros grupos, horas a la intemperie, a la espera de ver al Papa, a muchos metros.

La fe se volcó y entre tantos convencidos de su creencia, resaltaban excelsos funcionaretes, esperanzados por recibir una indulgencia que los librara de pecado (¿sabrán que el “no hurtarás” solo se perdona si se devuelve lo “sustraído”?).

Televisa se encargó de evitar la presencia de las masas que afean. A los “caritas y pirrurris”, a los empresarios de alta jerarquía y más lana, a las señoras y señores pomadosos -representantes de la “gente decente”-, se les otorgaron entradas a los distintos eventos. La selección fue dura y se hicieron a un lado a esos grupos que siempre salen con la cantaleta de los muertos, los desaparecidos y la catarata de peticiones.

Bergoglio supo que llegó al infierno. A un mes de que desaparecieran a cinco jóvenes en Veracruz, a poco más de un año de que se esfumaran a los 43 de Ayotzinapa; a un par de días de que asesinaran de manera brutal, a la reportera Anabel Flores y a 24 horas de que reventara Topo Chico. Si compitiéramos en carreras del horror, ganábamos el primer lugar.

Se hizo lo imposible -bravo por tan eficientes autoridades-, por enseñarle una fachada color de rosa, mientras se multiplican los problemas y la violencia se exacerba.

Era de esperarse lo ocurrido en Topo Chico y, ¡milagro divino! que solo fuera allí. Llevamos décadas en la denuncia del Sistema penitenciario, sea del fuero federal o estatal. Hacinamiento, autogobierno en las prisiones, control sobre el resto de los reclusos, violaciones a los Derechos Humanos, tráfico de drogas al interior; condiciones insalubres; cobros hasta por respirar, falta de separación entre procesados y sentenciados. Reos con privilegios, mientras esclavizan a los demás. Corrupción a todos los niveles.

El símbolo más representativo de suputrefacción fue la fuga de “El Chapo” Guzmán. El delincuente más buscado del mundo, tomó las de Villadiego, de un ¡penal de alta seguridad! Habrá que imaginarse las condiciones del resto de estos centros de
internamiento.

Con presupuestos cada vez más ajustados, en virtud de la crisis económica y prioridades siempre alejadas de la sociedad, ¿habrá mandamás al que le preocupen las condiciones de los transgresores de la ley?

Esto y más lo sabe el Vicario de Cristo, lo que confirma que, aunque crean que le toman el pelo, Francisco sabe que hay millones de mexicanos, en el infierno del hambre, la violencia y el sufrimiento.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq