imagotipo

Francisco y nuestros problemas / Felipe Arizmendi

  • Felipe Arizmendi

Ver

Algunos sostienen que tanto Gobierno como Iglesia nos esforzamos por ocultar al Papa nuestra realidad, durante su reciente visita, y presentarle todo como si estuviera muy bonito. Nada de eso. Desde que los obispos hicimos la Visita Ad Limina, en mayo de 2014, le informamos con sumo detalle lo que sucede entre nosotros. En diciembre pasado, tuve oportunidad de estar con él en Roma y le llevé la palabra de indígenas, jóvenes, sacerdotes y religiosas de nuestra Diócesis, en que le describían sus dolores y esperanzas. Le entregué cinco páginas que elaboramos los obispos de aquí, para que tuviera una información de primera mano. Los testimonios que escuchó en los lugares que visitó, le mostraban la realidad nacional. No vino, pues, a informarse, sino precisamente por los informes que tenía, decidió visitarnos. No vino a conocer, sino a animarnos en la fe, en la lucha por un cambio, según el Evangelio.

Escogió lugares donde precisamente sabía que era necesaria su presencia, por los problemas que conoció por nuestros informes. No le saca la vuelta a los conflictos, ni se esconde ante las dificultades, sino que nos acompaña y exhorta para afrontarlos con decisión, y no refugiarnos en la resignación pasiva y plañidera.

Pensar

En Palacio Nacional, ante la clase política y dirigente del país, enumeró algo de lo que nos aqueja: “La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.

E insistió: “A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz”.

Les invitó a encontrar “nuevas formas de diálogo, de negociación, de puentes capaces de guiarnos por la senda del compromiso solidario. Un compromiso en el que todos, comenzando por los que nos llamamos cristianos, nos entreguemos a la construcción de una política auténticamente humana y una sociedad en la que nadie se sienta víctima de la cultura del descarte”.

Esto “no es solo un asunto de leyes que requieran de actualizaciones y mejoras, sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno, con pleno respeto del otro como corresponsable en la causa común de promover el desarrollo nacional. Es una tarea que involucra a todo el pueblo mexicano en las distintas instancias tanto públicas como privadas, tanto colectivas como individuales”.

Actuar

Que hay problemas, es inocultable. Que hay pobreza, marginación, narcotráfico, corrupción y demás, no se puede negar. El Papa no vino a taparlos, sino a invitarnos a sumar esfuerzos por un cambio de corazones: que no haya más abusos de unos contra otros, que nos veamos como hermanos, dentro de nuestras legítimas diferencias; que nos preguntemos cada quien qué podemos hacer por el país, y no quedarnos solo en lamentos y en resignaciones inútiles.

+ Obispo de San Cristóbal de Las Casas