imagotipo

Franquicia diplomática

  • Franquicia diplomática: Elsa Espinoza

  • Visitar Polonia ha sido un sueño
  • La impresionante visita a los campos de Auschwitz
  • Mi conversación con el presidente de Cracovia

PRIMERA DE DOS PARTES.

Después de más de 20 horas de haber salido de mi casa y esperar cuatro horas en el aero-
puerto de Schiphol, por fin llego a Varsovia, En verdad muy emocionada… Antes de continuar, debo agradecer a mi querida y respetada amiga embajadora de Polonia en México, Beata Wojna, quien hizo posible esta gran trayectoria de mi vida. Un sueño cumplido. Me esperaba una traductora muy amable, AgnIeszka Noworyta (Inés en español), quien tuvo a bien trasladarnos al hotel donde me hospedaría una semana. Casi como lo imaginaba, ¡las calles amplias y las construcciones muy estilo ruso de los años 50! Era una tarde lluviosa pero mi emoción de estar ahí era más importante… Al día siguiente que era domingo, nos fuimos a la estación a tomar el tren Pendolino rumbo a Cracovia. ¡Qué emoción! Me contaba Inés que desde hace un año mucha gente se traslada en este súper moderno tren que reduce el tiempo y la distancia hacia diferentes puntos del país. A nuestra llegada nos fuimos a comer a un histórico restaurante llamado Pod Aniotami, donde nos esperaba el profesor Yago de la Cierva, un español muy simpático, quien conversó sobre los primeros momentos de la creación de la Jornada Mundial de la Juventud. Continuando con la plática, Yago nos contó que estaba en Cracovia, esperando la llegada del papa Francisco, quien estaría en la siguiente semana en Cracovia presidiendo la Jornada mundial de la Juventud, que por cierto inicio en 1984, cuando el papa Juan Pablo II invitó a todos los jóvenes a reunirse en Roma, en un domingo de Ramos, donde acudieron unos 300 mil a esta celebración. Una comida muy amena y que además de histórica, remueve lo más profunda de nuestra religión católica. Al finalizar nos esperaba un aguacero, pero eso no impidió que diéramos un paseo por el Castillo Real de Wawel, además de admirar las bellezas de las iglesias del lugar, los callejones con construcciones antiguas hacían el panorama más bello. Por la noche nos fuimos a cenar al restaurante Farina, muy precioso, muy típico del lugar, donde los bailes de la región invitaban a unirse al grupo… A la siguiente mañana sostuve una interesante reunión con el presidente de Cracovia sr. Jacek Majchrowski, un personaje muy amable, muy sencillo, con quien se me hizo tan fácil conversar, sobre sus experiencias dentro de la política y de diferentes puntos de vista y de cuál ha sido el éxito de sumar tres elecciones consecutivas, la gente lo quiere, cree en él, porque ha cumplido sus compromisos de campaña, y comenta que a la gente ya no le gustan tanto los políticos en muchos lugares del mundo. Ha sido maestro de la Universidad y ahora con gran éxito su cargo gubernamental que desempeña con gran éxito, ¡todo mundo lo quiere!, ¿El secreto? ¡Cumplir lo que se promete! La ciudad una maravilla, limpia, bien cuidados sus edificios y casas, ¡Además de los monumentos históricos! Un deleite. Luego a la gran cita para dirigirnos a los campos de concentración de Auschwitz… El paisaje en el tren es precioso, los campos verdes las casas pintadas en lindos colores… A nuestra llegada, nos recibe uno de los directores del lugar… Y hoy me pregunto ¿cuál fue la primera sensación? Muy rara, de pena, de dolor, de curiosidad. Y comenzamos la pequeña peregrinación y nos adentrarnos a los que fueran en su tiempo campamentos de combate polaco, a la llegada de los rusos, se convirtió en el lugar más despreciable de la historia de la humanidad y de la aberración nazi hacia seres humanos que en su momento no sabían cuál sería su final y ¡de qué manera!… cada edificio es una historia que contar… A paso lento voy observando cada lugar, cada muestra en ese impresionante museo de una historia aterradora. El solo hecho de estarlo escribiendo en este momento se me pone la piel de gallina. Tres horas de recorrido observando muchos de esos terribles momentos. De ahí a Birkenau, construcción hecha para recibir a miles de judíos, que serían también humillados y trasladados en su momento a las cámaras de gas y luego a los hornos… Salí de ahí, triste, rezando por tantas almas que, segura estoy, ¡deambulan por el lugar!

Al terminar el recorrido, nos fuimos a comer a un restaurante muy local, donde saboreamos las delicias de la cocina
polaca, y claro, no podía faltar el pato…