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Frente a la corrupción ¿doble rasero?

  • Rebecca Arenas

El arribo a México del sátrapa exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, personaje que encarna entre sus muchos vicios, la corrupción de gran calado que flagela a México, constituye la noticia del momento. Una suerte de atracción circense, que está distrayendo la atención de la opinión pública de otros problemas incluso más graves, porque las más altas autoridades del país, ni siquiera se han pronunciado al respecto.

Javier Duarte hizo de las suyas sin ninguna cortapisa, devastando Veracruz a lo largo de sus seis años de gobierno. Y aunque hoy la información que empieza a filtrarse, enfatiza la complejidad del procedimiento jurídico para llevarlo tras las rejas, y forzarlo a que devuelva a los veracruzanos lo que les robo, esto tendrá que ocurrir más tarde o más temprano, con tácticas dilatorias o sin ellas, en este gobierno federal o en el que viene. Porque a Duarte ya lo juzgó la sociedad, sobre todo la veracruzana, que padeció sus excesos y desvíos. Falta que lo juzgue la autoridad, y ya encauzado el  proceso habrá que darle vuelta a la página. Mantener los reflectores en el mismo asunto, cuando hay muchos otros que están ocurriendo, sin salir a la luz, no parece casual.

De los muchos casos de corrupción, al más alto nivel, me referiré al más reciente, la semana pasada: el socavón en el Paso Exprés de la Autopista México-Cuernavaca, en el que perecieron dos personas, lo que es muy grave, pero apenas el principio. Los riesgos de ese tramo carretero siguen ahí. No hubo control de calidad en los materiales utilizados, se habla incluso de la ausencia del entramado de sólida varilla, que por ningún lado se advierte en la profunda oquedad.

Inaugurado apenas hace tres meses por el presidente Peña Nieto, el Paso Express además de constituir un gravísimo peligro para los automovilistas, también lo es para las casas vecinas, cuyas bardas se empezaron a cuartear desde el inicio de la obra. ¿Qué no se realizó previamente un estudio de suelo? ¿Se construyó al “Ahí se va” de forma claramente corrupta, sin pensar en las consecuencias?

Esta grave irresponsabilidad atribuible a algunas de las empresas constructoras que han estado y siguen estando en boga en este gobierno, no puede soslayarse, y más si como afirman diversos analistas, éstas empresas constructoras seguirán participando en importantes megaobras como el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Otro asunto espinoso es la saga de sobornos de la empresa Odebrecht, que en México involucra a Pemex, con el proyecto petroquímico Etileno XXI, el más grande de América Latina, y el gasoducto Los Ramones II Norte. Pemex por supuesto, ya tiene preparada su defensa, en la que aparece como víctima. Pero como éste hay muchos otros casos.

En una contradicción, inexplicable, el gobierno y las cámaras instauraron, tras múltiples esfuerzos, un Sistema Nacional Anticorrupciónpara sancionar ese flagelo, pero simultáneamente, solapa a sus cercanos que han cometido hechos de corrupción, protegiéndolos de la acción de la justicia.

El hartazgo de la gente frente a tanta corrupción, unas veces sancionada y otras solapada por el propio gobierno, deja ver claramente un doble rasero, en donde unos pocos son los beneficiados y millones los perjudicados. El sufragio, único ejercicio democrático con que cuenta la ciudadanía mexicana para responder a tanto agravio, lo ejercerá en 2018, sin dudas, ni cargos de conciencia, y sí con mucho aplomo.

rayarenas@gmail.com