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Frente frío / Pasos de Diamantina / Lorena Avelar

  • Pasos de Diamantina: Lorena Avelar

Tirito, se entumen las manos y los pies por este extraño frío. Aquí, frente al mar que se alborota altivo, en el balcón está intacta una silla de madera fina que nadie usa, encadenada a unos recuerdos y a miles esperanzas.

El frente frío cala los huesos, te obliga a cubrirte el alma y el cuerpo; hay sol, un sol que apenas suelta unos vagos reflejos, pese a su insistente tamaño, sus hilos de luz se despedazan en miríadas de átomos sin caso ni merito.

El frente frío se desborda, empuja a la selva y cae sobre la carne y, sobre los álamos húmedos donde los pensamientos escalan como hiedra hasta morder el sueño rojo de los tejados.

El frente frío causa estragos por las tardes en la que los cuervos huyen y la humedad se enrosca en la cola de un perro que dormita entre los ladridos de la lluvia y en la pradera se hunde mi lamento; corro acribillada de gotas, empapada hasta el temblor de mi médula.

El frente frío no es común donde las palmeras se emborrachan de calor y vino, donde el calor sofoca y embebe la piel de estremecedores delirios; hoy la vegetación desfallece de viento y se hiela en las madrugadas escandalosas de ebriedad y poco abrigo. El mar es un espejismo, brillante e iracundo, lleno de bondades azules y tornasoles violetas, a esta hora, cuando los madrugadores avanzan con Pasos de diamantina sobre la arena helada hacia sus destinos.