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Fuerza pública / Punto de vista / Jesús Michel Narváez

  • Jesús Michel

Comparto la idea de quien violente la ley reciba el castigo que la propia ley señala. Me parece importante que el secretario de Educación endurezca la postura frente a quienes se niegan a perder sus canonjías. ¡Ya era tiempo!

Sin embargo, luego de como se dieron las cosas en Boca del Río y Xalapa el pasado domingo, habría que ponderar hasta dónde se debe utilizar la fuerza pública que, por decir lo de menos, está poco preparada para hacer frente a situaciones de este tipo. Vaya, las policías estatales y municipales no tienen preparación para ningún enfrentamiento en el que no haya sangre.

He clamado a los cuatro vientos la aplicación de la ley cuando ensoberbecidos mal llamados maestros coaccionan a la autoridad legítimamente establecida. Impedir que sus paros produzcan caos en ciudades y en horas en las que tenemos que trabajar, es obligación de los gobiernos. Es garantizar el libre tránsito, los bienes y las personas.

De ahí a que apoye la aplicación del garrote, hay mucha diferencia.

Entiendo que se debe pasar de la palabra a la acción. Que los tiempos de ser blandengue terminaron. Que ahora se vive mostrando el músculo del Estado para que se cumplan las normas aprobadas por los representantes de los Estados y los de los ciudadanos, es decir, por los senadores y diputados federales. La evaluación de los maestros no debería ser pretexto para utilizar la fuerza pública para que cometa excesos.

Sí al uso de la fuerza pública, pero no a la represión. Eso debe quedar claro. ¿Estamos?

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