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Fuerzas Armadas ¿seguridad nacional o pública?

  • Jorge Galicia

  • Jorge  L. Galicia

Existe en la agenda legislativa, y en la opinión pública, una discusión sobre el papel que deben cumplir las Fuerzas Armadas de México; unos aseguran que sus actividades se deben circunscribir en aquellas que tienen que ver con la salvaguarda de la soberanía y seguridad nacional; otros argumentan que en el término de seguridad nacional está incluida la seguridad pública y por ese motivo el Ejército y Marina deben coadyuvar en la tareas propias de los cuerpos policiacos, sea para combatir el crimen organizado o para generar tranquilidad y seguridad a algunas poblaciones.

El debate sobre el tema no es nuevo, lleva años, tal vez desde el mismo día que en su calidad de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, el entonces presidente, Felipe Calderón, ordenó un despliegue militar en el Estado de Michoacán como un mensaje de declaración de “guerra” contra organizaciones criminales relacionadas con el tráfico de drogas, y de esa acción ya han pasado 10 años.

Luego vinieron operativos en entidades con problemáticas similares como Guerrero, Chihuahua, Estado de México, Veracruz, Tamaulipas, y así hasta que en su totalidad las poblaciones se sintieron más seguras con la presencia de las brigadas militares, por un lado porque tienen desconfianza de los cuerpos policiacos a nivel estatal y municipales, y por otro porque la milicia se ha ganado a pulso el reconocimiento de la sociedad, ya que es de sobra conocida su labor social y de oportuna intervención en regiones donde los fenómenos naturales causan desgracias.

El debate sobre el tema no ha concluido, solo que en esta ocasión llama la atención que sea el mismo secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos Zepeda, quien haya puesto el dedo en el renglón al señalar que “Nosotros no pedimos estar aquí, no nos sentimos a gusto, no estudiamos para perseguir delincuentes, nuestra función es otra y se está desnaturalizando”.

Hasta donde sabemos, los militares se preparan con enfoques puntuales en materia de seguridad nacional. En sus estudios adquieren conocimientos sobre las potencialidades económicas, sociales, políticas, culturales y de geografía de nuestro país, con riguroso énfasis en estrategias militares. Tal vez por ello Cienfuegos pide que se evalúe la posibilidad “para que el Ejército regrese a los cuarteles a realizar las funciones que le corresponden”.

Hasta ahí todo bien, pero para quienes piensan que la seguridad nacional no es un concepto exclusivamente de las Fuerzas Armadas de México, no deben olvidar que desde hace 10 años prácticamente se les envió a una “guerra”, pero aparentemente sin facultades para ello, encontrando descrédito y desprestigio por supuestos excesos cometidos en el cumplimiento de su deber en materia de derechos humanos, e incluso se les ha juzgado en la opinión pública por delitos del fuero común.

En este asunto hay dos visiones, las dos son válidas, pero la milicia exige que para seguir patrullando las calles y continuar en la lucha contra el narcotráfico son necesarias reglas claras y transparentes, un marco normativo que dé vigencia a sus actividades o que tal vez amplíe sus funciones, pero también que los haga sentirse protegidos cuando de atrapar delincuentes se trata, porque en su justo reclamo dicen que los organismos de los derechos humanos pocas veces valoran sus acciones y la mayoría de ellos se inclinan por proteger a los infractores. No hay duda, urge un marco legal que dé certeza a la actuación de las fuerzas militares y eso es tarea del Congreso de la Unión.
jorgelgalicia@yahoo.com.mx