imagotipo

Fulgores de combate

  • Camilo Kawage

1.- Embaucados como nos hallamos en los arrebatos de un candidato que enardece a la primera provocación, ahora que viaja al extranjero y le falla su claque de idólatras, en cuanto a su muy dudosa rectitud; absortos que seguimos en la fuga de criminales de cualquier penal, los abusos a reos en otros, y las fosas que no dejan de aparecer, aunado todo al pavor del inefable duce de Washington, nuestros medios no tiran un lazo a eventos de trascendencia que suceden en otras partes del planeta, y que desde luego tienen consecuencias para México. Algunos abundan incluso en la franca ociosidad de criticar a la señora Robles por andar de compras entre sus horas de trabajo.

2.- Estos días tuvo lugar un proceso electoral decisivo para Europa, que en Holanda estuvo a poco de llevar al poder a un fanático de la ignorancia cuya promesa de campaña era echar a todos los islamitas de ese país y cerrar las mezquitas, salirse de la Unión Europea, y apurar con ello la ruptura del orden en ese continente, que tanta sangre ha costado, tanto sacrificio y tanto tiempo. A diferencia del fenómeno que tenemos en el vecindario nuestro, el ultraderechista holandés es todo menos advenedizo en la política; Geert Wilders lleva casi veinte años en el Parlamento, se hace guiños con la señora Le Pen, y se da el quienvive con Trump en sus ribetes de supremacía aria.

3.- En los días inéditos de amenaza a la paz y la estabilidad del mundo; cuando el equilibrio y el avance mismo de la humanidad corre el riesgo de volvernos a las cavernas por los caminos del radicalismo electo -notablemente a manos del líder del país que ha sido precursor de esos valores durante los últimos 250 años, y con sus émulos en las naciones que dieron origen a la civilización occidental-, la elección en Holanda que tuvo en vilo al resto del mundo, aquí pasó a faldón en el aviso oportuno. Allá ganó la cordura; aquí nos quedamos en el morbo de la fuga del preso.

4.- Que se tratara de Holanda, un país y un pueblo admirable, amigo de México y socio en tantos propósitos; con el que siempre hemos tenido simpatías e ideales en común, no sería por sí sola una nota tan rentable en otra circunstancia. Pero en el actual clima convulso en que la intolerancia y la provocación son el orden del día, y en el que en nuestro propio país corremos el riesgo de caer en el fanatismo que nos negamos a mirar afuera, el tema es más que atractivo. A menos de pensar que la ultra de la señora Le Pen y el peligro de que los franceses la sienten en el Elíseo nos son ajenos, no se vale desatender las amenazas que se nos ciernen de modo más directo.

5.- Tan digno de tomar en serio es que esos personajes que hoy pueden llegar o están ya en el poder, no han engañado a nadie. Si alguien supuso que el fanatismo nacionalista era demagogia de campaña, que al llegar al Gobierno serían estadistas serenos y visionarios, solo aquí junto tenemos el desengaño. Con el presupuesto que presentó al Congreso, Trump no podía ser más elocuente; le corta 30 por ciento nada más al Departamento de Estado, con lo que tumba todos los programas de cooperación de Estados Unidos, quiebra la ONU y todos sus organismos; la OTAN, y la ayuda a los países que hoy conocen la hambruna de la guerra y la devastación. De la Agencia de Protección al Ambiente, no va a quedar ni el nombre.

6.- Igual desaire corrió la visita a México del ministro de Asuntos Exteriores de España los días pasados; sería porque vino a reiterar todo el apoyo de su país a la causa del nuestro ante la obsesiva política de Trump, pero como no era el caudillo insultando al Ejército, nadie le hizo caso al canciller español. Salgamos un poco de la aldea.
camilo@kawage.com