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Gabinete es diminutivo de Gabino / Juego de Palabras / Gilberto D Esrabau

  • Gilberto Destrabau

El artículo 89 de la de Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos faculta al Presidente de la República, para “nombrar y remover libremente a los secretarios de Despacho…”, (ojo: secretarios de Despacho; lo de “secretarios de Estado” se lo pusieron ellos mismos para darse cebollazos en la vesícula biliar) pero en ninguna parte se lee que esos secretarios de Despacho formen una institución o colegio llamado “gabinete presidencial”. La Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, al igual que la Constitución, no señala en ninguna parte ni la formación ni el funcionamiento de un determinado consejo presidencial que deba llamarse “gabinete”. Ergo, el gabinete mexicano no tiene existencia jurídica.

No existe el gabinete como un todo, pero sí existen sus partes. Así, tenemos un “gabinete legal” al que pertenecen todos los que tienen título de secretario, más la procuradora General de Justicia, el jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, el secretario particular del Presidente, el jefe del Estadio Mayor Presidencial, el director general de Asuntos Jurídicos de la Presidencia, y el coordinador de Comunicación Social de la misma. Existe además un “gabinete ampliado”, un limbo que habitaban los directores generales de parestatales como Pemex y CFE cuando existían, y que se conserva para cobijar chipotes como Infonavit y Fonatur, Lotería y Pronósticos, más lo que se acumule esta semana.

Y en uno de esos trapecios mentales que tanto disfruta la raza, no tiene el presidente gabinete per se, pero si tiene “gabinetes especializados”, que son cinco: el Económico, el Agropecuario, el de Desarrollo Social, el de Política Exterior y el de Seguridad Nacional. Según información alguna vez emitida por la Oficina de la Presidencia de manera extraoficial, los de Política Exterior y de Seguridad Nacional “han dejado de funcionar”. Los tres restantes, si lo hicieron o lo hacen, lo esconden como si tuvieran el virus del VIH.

Por supuesto que esta inexistencia jurídica del gabinete provoca una serie de incertidumbres que, entre otros, tiene como resultados el caos administrativo, la falta de comunicación entre los niveles de gobierno, la inexistencia de políticas públicas coordinadas vertical y horizontalmente en los sectores más importantes de la problemática nacional, el desperdicio de recursos y la impunidad de los improvisados y los farsantes. Por supuesto, también, que difícilmente se hará algo para deshacer estos entuertos, ya que su existencia permite la ubicación caprichosa de amigos y recomendados, y el movimiento, sin dar cuenta a nadie, de piezas en un tablero que no es de ajedrez –un juego serio que requiere de cierta inteligencia– sino más bien de canicas en los agujeros de las damas. De las damas chinas, eso es.

Finalmente, la Constitución no provee un gabinete, pero sí, en su artículo 93, manda que los secretarios de Despacho y directores de organismos descentralizados comparezcan ante las Cámaras congresales y sus comisiones, a informar de las actividades bajo su responsabilidad. Algo tan divertido como ver la pintura secarse.

Buenos días. Buena suerte.
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