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Gasolina al fuego

  • Federico Ling Sanz

Literalmente para los que no somos expertos en la materia, el tema del robo de combustible en México es un tema complicado (y hasta cierto punto novedoso en la opinión pública). Siempre ha existido la “ordeña” y el saqueo de gasolina para después venderla más barata. Pero es reciente la volatilidad del asunto y la manera en que se ha ventilado en los medios de comunicación. Quizá fue el horroroso crimen contra una familia en la autopista México–Puebla lo que nos dejó a todos helados, pero ciertamente debemos reconocer que el problema de inseguridad en México es creciente.

Felipe Calderón tenía razón cuando inició su combate contra el crimen organizado. Su tesis era que si el Estado no hacía nada, pronto tendríamos a los delincuentes “metidos hasta la cocina”. Quizá el enfoque, la estrategia, la manera de combatir tuvo errores y necesitaba de ajustes; pero el diagnóstico era (y sigue siendo) correcto. El gobierno actual del presidente Peña decidió relegar el tema de seguridad a un segundo plano y dejar de hablar de ello públicamente (como estrategia de comunicación social). Al principio funcionó. Pero no por mucho tiempo. Allí están los casos de Ayotzinapa, por ejemplo, que marcó el inicio del fin (aunado a otros escándalos). ¿Qué sucedió con el tema de seguridad entonces? Siguió sin ser atendido.

Claramente esto es un problema porque actualmente la inseguridad, la violencia y el crimen están fuera de control en México. Cada vez se escucha más que México es un país profundamente inseguro, que después de Siria es el país más inseguro del mundo. Esta es una pésima propaganda; queremos que vengan más turistas pero la gente lo único que lee es que somos casi un país en guerra. Y quizá sí lo seamos: la guerra es de la delincuencia contra la población, contra el Estado y contra México.

Hay dos temas relacionados entre sí que hacen enfurecer a la población: la falta de empleo y la corrupción. Entre ellos son tópicos que hacen reacción negativa. Si nos imaginamos nuestro laboratorio en la secundaria, cuando mezclamos dos sustancias que interactúan entre sí, eso es la corrupción y el desempleo. Pero además, si a esa pócima le añadimos un catalizador (algo que promueve que la reacción sea más rápida y más violenta), ese sería la inseguridad. La violencia lo único que genera es que la ciudadanía cada vez se sienta más desesperada, más desencantada y mucho más radical. La gente quiere resolver su problema y no sabe cómo. No encuentra solución en las instituciones del Estado, porque han preferido callar el asunto y hablar de otra cosa. Y así no va a funcionar.

Ya no podemos depender del Ejército para que siga patrullando nuestras ciudades y nuestras calles. No está en sus funciones. Pero tampoco tenemos policías confiables (las pocas que hay no se dan abasto). Y todo ello se jugará en las nuevas interacciones de las que estamos hablando. La elección de 2018 será un referéndum en esos términos: con el sistema o contra él. Las condiciones de volatilidad están puestas y será gravísimo tomar decisiones de esa forma. ¿Qué necesita México y su gobierno para cambiar, antes que realmente seamos Siria o Venezuela?
@fedeling