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Gastar mejor, prioridad de la política económica / Horizonte Económico / Carlos Loeza Manzanero

  • Carlos Loeza Manzanero

A  Don  Mario  Vázquez  Raña

El gasto público implica el conjunto de erogaciones que realiza el Gobierno en los ámbitos federal, estatal y municipal, así como el sector paraestatal y los poderes Legislativo y Judicial, en el ejercicio de sus funciones.

Los objetivos del gasto público pueden ser múltiples. En principio, se establecen de acuerdo con su contribución al bienestar social; en la práctica, es necesario aproximar la maximización deseada del bienestar social, mediante la interacción de los representantes populares y funcionarios del Poder Ejecutivo. Los primeros señalan las demandas de la sociedad, y los segundos, las posibilidades reales de llevarlas a cabo, de acuerdo con el conjunto de restricciones existentes.

Los propósitos fundamentales en materia de gasto público se dividen en gastar más y gastar mejor. El primer caso está en función de que en forma previa se haya registrado un incremento de ingresos que permita financiar un mayor monto de gasto. Así, gastar más sería resultado de un aumento por el lado de los ingresos, es decir, mayor capacidad de financiamiento del gasto, y a su vez, la obligación acorde con los tiempos del país de una mejora en la distribución de esos ingresos y en la ejecución del gasto.

La eficacia en el ejercicio del gasto tendría que ser un propósito central de la política económica, al reconocer que sería un proceso y que se debe avanzar en paralelo al incremento del gasto y a su utilización lo más eficaz posible.

Es evidente que la insuficiencia de ingreso para financiar gasto da lugar al endeudamiento, y en el caso de las finanzas públicas del país, la atención se centra en materia de endeudamiento en el ámbito estatal.

En términos generales, en el análisis de las finanzas públicas se ha tendido a una crítica profunda sobre el gasto corriente, considerando que el gasto es excesivo en sueldos y salarios, que la burocracia es robusta y que se requiere un adelgazamiento importante.

El gasto corriente es un componente fundamental del gasto público y si bien, su proporción es mayor que el gasto de capital, esto no deriva necesariamente de excesos en personal contratado.

Lo que sucede en realidad es que el gasto corriente registra incrementos que no corresponden en paralelo a un crecimiento de los ingresos, por lo tanto del total del gasto, el corriente tiende a significar una mayor proporción del total porque lo que está estancado es el nivel de ingresos.

Esto quiere decir que si los ingresos crecieran en términos reales cada año, la proporción del gasto corriente dentro del total tendería a bajar, por tanto, la mejora de fondo en las finanzas públicas mexicanas tendría que comenzar por el lado de los ingresos y el camino, tendría que ser un aumento de la base de contribuyentes y no descansar en incrementos en las tasas de los impuestos.

Por otra parte, resultan necesarias algunas acotaciones sobre el gasto corriente que corresponde a servicios personales. No se debe perder de vista que en ese rubro se consideran los pagos al magisterio de la educación básica, a médicos y enfermeras del sector salud, a las fuerzas armadas, a la Marina, al sector policiaco y desde luego a los responsables de atender las funciones del Estado, a través de sus secretarías, gobiernos estatales y gobiernos municipales principalmente.

Una meta a plazo corto es aumentar el gasto y llevar a la práctica el propósito de gastar más y gastar mejor.
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