imagotipo

Gaudeamus igitur

  • Ramón Ojeda Mestre

Ramón Ojeda Mestre

Ya a estas alturas de la era del conocimiento y de las dichosas o desdichadas comunicaciones digitales y las redes antisociales, resulta imposible engañar al culto lector o a la perspicaz y atractiva lectora, así que, cuando hablamos de los precandidatos a la presidencia de la República de todos los partidos políticos y de cada uno de los presuntos “independientes”, tenemos que tratar el delicado, escabroso y a veces fétido, asunto de su preparación académica.

El tránsito por las escuelas de los que han sido presidentes de la República o de los que se mencionan como precandidatos para la próxima es trasunto tan tortuoso y enigmático como la vida de Anaís Nin, que, si usted no la conoce, yo menos. La cultura, la forja educativa, escolar y familiar de cada uno de los innombrables nombrables, es como para gritar: “atrás los fielders” parafraseando a Buck Canel, cuyo único defecto era ser argentino, si se me perdona el desliz, puesto que, amo a la Argentina y aprecio a los argentinos en lo que valen. Sin embargo, ustedes recordarán lo que respondió Buck cuando le preguntaron por qué ocultaba que era argentino.

Sí, la carrera profesional, las calificaciones y los títulos de los candidateables son un verdadero fantasmón como ese que describía Gabriel García Márquez en el Amor en los Tiempos del Cólera. “Era un fantasma, tan notorio, que el Dr. Urbino se dio cuenta a tiempo de hasta qué punto amenazaba la armonía de su casa…” y ya hemos visto hasta la saciedad cómo influye la preparación y la cultura en los hombres de Estado. Churchill, Roosevelt, DengTsiao Ping, Castro, De Gaulle, Gandhi, Alejandro Magno, Juárez o Nezahualcóyotl, eran hombres sumamente cultos. Pero decíamos que a estas alturas no se pueden ocultar ni sesgar los hechos históricos y es que Abraham Lincoln, un gran presidente y autor del inmortal discurso de Gettysburg, nunca terminó un año de escuela. Nunca, y, sin embargo, su inteligencia y disciplina le permitió aprender a leer, a estudiar, a reflexionar y por ello incluso pudo pasar exámenes extraordinarios para ser reconocido como abogado en la Barra del Estado de Illinois y con ello también valido que Quod natura non dat, Salamántica non praestat, es decir: que si se es bruto y sinvergüenza, aunque tenga doctorados en las universidades será o es un mal gobernante, manque haya llegado por ser un trepador o le haga al rapel.

Es obvio que ni los partidos políticos ni los ciudadanos seleccionamos candidatos por su preparación o buenas calificaciones en la escuela o por sus prendas académicas o títulos, pero en verdad que entre mejor preparado está un hombre, mejor podrá servir a su país, a su comunidad o a su familia. Todos los gobernantes de Europa son mujeres y hombres muy preparados en la escuela y en el oficio político que no es nada sencillo. Tenemos la suerte de que quienes se mencionan para la próxima contienda presidencial son personas de buen nivel escolar y de gran trayectoria política, sin embargo, a todas y todos, les suplicaríamos con respeto que a partir de este momento no dejen de leer un buen libro ni un solo día de su vida, de aquí hasta la toma de protesta. Es toral que tengan una visión global de lo que está pasando en el mundo y no una perspectiva aldeana o provincianita, con todo respeto para los que lo somos. Han de leer de historia, de economía, de política, de derecho, de sociología, de ciencia y en fin, de los grandes temas de nuestro tiempo o los clásicos. Tienen escasamente un año, no lo desperdicien. Ya hemos pasado demasiadas vergüenzas y desdichas.

rojedamestre@yahoo.com