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¡Generemos esperanza! / Felipe Arizmendi

  • Felipe Arizmendi

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Estamos reunidos en asamblea plenaria ordinaria todos los obispos del país, con el objetivo de elegir nuevos servicios en la coordinación de nuestra conferencia, preparar los programas del siguiente trienio y reflexionar en las implicaciones de la reciente visita del Papa. El ambiente es sereno, de unidad y armonía, dentro de nuestras legítimas diferencias, como sucedía en el colegio apostólico y acontece en cualquier institución eclesial. Nos decimos lo que debemos decirnos, pero en santa paz.

No faltan comentaristas que se deleitan inventando posibles intrigas entre nosotros, luchas de poder y divisiones. Aducen el discurso que nos dirigió el Papa en la Catedral metropolitana, cuando nos pidió que nos dijéramos las cosas de frente como hombres. Esto no lo dijo por informaciones que le hubieran hecho llegar sobre problemas entre nosotros, sino que son consejos que él siempre da a los obispos de todo el mundo, empezando por los de su país y por la Curia Romana. Un dizque especialista en asuntos religiosos se atrevió a afirmar que en lo único en que estamos unidos y de acuerdo, es en no poner en práctica lo que nos dijo el Papa. ¡Qué poco nos conoce! Y no se tienta la conciencia para afirmar cosas que no tienen fundamento.

Por otra parte, el país sigue inmerso en luchas políticas, corrupción envolvente, violencias que no se detienen, una economía que se debilita, desconfianzas hacia las instituciones, pesimismo que nos hace pensar y sentir que todo está mal, que no avanzamos, sino que vamos para abajo… Y hay quienes se solazan en resaltar solo lo negativo, y de ello hacen su prestigio y su negocio.
Pensar

Es innegable que hay problemas: la pobreza persiste, la corrupción invade por todas partes, la violencia se recrudece, el negocio de las drogas se fortalece, la deshumanización de algunas personas se evidencia más, la inseguridad causa angustia y miedo, los desniveles sociales se profundizan. Pero tenemos pilares fuertes para apoyar nuestra esperanza y para generar esperanza en el pueblo.

Nos decía el papa Francisco en la Vigilia Pascual reciente: “Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza, encerrados en nosotros mismos. Abramos, en cambio, al Señor nuestros sepulcros sellados, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover es la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida.

Continuamente vemos, y veremos, problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero hay que iluminar esos problemas con la luz del resucitado, en cierto modo hay que «evangelizarlos». Evangelizar los problemas. No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el Señor «no está aquí”. Ha resucitado»; Él es nuestra mayor alegría, siempre está” a nuestro lado y nunca nos defraudará” (26-III-2016).
Actuar

Aprendamos de Jesús, con la ayuda del Espíritu, a vivir en esperanza y generar esperanza. No escuchemos solo a los que tienen los ojos enfermos y todo lo ven oscuro. Hay problemas, pero hay caminos para salir adelante, haciendo cada quien lo que nos corresponde.

+ Obispo de San Cristóbal de Las Casas