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Genocidio impune: periodismo y Nación

  • Betty Zanolli

¿Qué mayor tragedia puede carcomer a una sociedad que la de estar arrodillada frente a la impunidad y la corrupción sin límites? ¿Qué mayor putrefacción que la de ver pulverizados todos los valores? Ninguno. Así lo sabe México, que de modo vertiginoso se aniquila y devasta fratricidamente, a sangre fría, como hubiera dicho Truman Capote, sin que su propia sociedad –no digamos representantes populares o la clase política- lo pueda impedir.

De la insensibilidad descarnada somos presa: cada día la realidad nos presenta nuevos y más escalofriantes casos de violencia multifactorial, con la única consecuencia de que el grado de nuestro asombro sea siempre menor. Muertes, ejecuciones, desapariciones, feminicidios, violaciones, robos, extorsiones, son parte sustantiva ya de nuestra existencia, mientras niños, adolescentes, mujeres, hombres, adultos mayores, periodistas, sacerdotes, todos en conjunto y de manera aislada, terminan siendo víctimas de una sociedad cuyo proyecto de Nación -si algún día lo hubo- no existe más.

El miedo y la impotencia han cedido a la indiferencia y dado paso al odio irracional, a la venganza por propia mano, en una sociedad que se sabe abandonada por un Estado que ha fracasado, estrepitosamente, en el combate contra la delincuencia y cuyo Sistema de Justicia, lejos de darle esperanza, solo legitima, paradójicamente, el obrar de los criminales, al grado de reconocer y hacer más efectivos los derechos humanos a éstos que a las propias víctimas.

Por eso se entiende el lamento impotente, rabioso, condenatorio, del compañero Javier Valdez, ejecutado justo hace una semana, cuando a finales de marzo denunciaba y preconizaba: “Me pregunto dónde están los periodistas, los medios y sus directivos y dueños, las asociaciones de comunicadores, los abogados, los empresarios, la sociedad toda. Esa sociedad que reclama un periodismo valiente y digno. ¿Dónde está? Que critica la corrupción de los reporteros y la complicidad. ¿Dónde se escondió? Esos que desde el anonimato nos llaman ‘chayoteros’, vendidos, corruptos, hipócritas, oficialistas. ¿Dónde andan? ¿Dónde los empresarios que se anuncian en revistas de modas, frívolas y rancias, pero que se niegan a comprar publicidad en medios críticos?….

“No hay una sociedad que acompaña el periodismo valiente en este país y a la hora que ellos quieran –los del poder político y los criminales-, van a venir por nosotros, a disponer de nosotros. Quédense así, inmutables, escondidos, ausentes, hasta que nos lleve a todos la chingada”. Así, duro, contundente, sin ambages, increpaba el periodista sinaloense, con cuyo asesinato la lista interminable de periodistas acribillados o desaparecidos en nuestro país se engrosa, apuntalando el oprobioso segundo lugar mundial que México ocupa de homicidios, sólo después de Siria, con más de 200 mil muertos en la última década y marzo de 2017, el mes más sangriento del sexenio.

¿Cómo pudimos llegar a este nivel de masacre y multigenocidio? La culpa es nuestra, de la sociedad –más allá de políticos y gobernantes-, al no haber asumido la responsabilidad que teníamos frente a nosotros y a la Historia, como Italo Calvino sentenció: fuimos incapaces de enunciar una moral del compromiso, una libertad en la responsabilidad, única moral, única libertad posible.

Por eso hoy estamos presos de nosotros mismos, de la corrupción que toleramos y fomentamos, de la violencia que no erradicamos, y quien eleva la voz corre un alto peligro, solo que es imposible permanecer callado al periodista verdadero: el periodismo es su compromiso de vida, aunque el costo a pagar pueda ser la vida misma. ¿Hasta cuándo la siniestra impunidad, protectora de toda inmoralidad e injusticia, seguirá siendo causa del genocidio periodístico y nacional que enluta a México y a la humanidad?
bettyzanolli@gmail.com   @BettyZanolli