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¿Gobierno de coalición?

  • Alejandro Díaz

pesar que a muchos nos interesa que México tenga un gobierno comprometido con la población, trabaje por el bienestar general y combata a la corrupción, no veo sencillo llegar a un gobierno de coalición. Atrae la experiencia de Chile con sus gobiernos de la Concertación, tan exitosos. Pero desde el gobierno de la Convención de Aguascalientes (1914-15) no ha habido uno en México que se asemeje al ideal que ahora esbozan presidentes de partido, gobernadores, políticos y pensadores. No olvidemos las tres breves Presidencias que tuvo ésta y sus vicisitudes antes de caer ante el embate de Carranza.

Ciertamente hay temas comunes en la agenda política que podrán ser base de un acuerdo entre actores disímbolos. Pero para llegar a ese acuerdo los participantes deberán comenzar por definir temas y excluir los controversiales. Pero por muy buena voluntad que lleguen a tener las partes sólo van a llegar a acuerdos mínimos si nadie intenta aprovecharse.

Podrán incluir temas como democracia, lucha contra la corrupción y la impunidad, abatimiento de la pobreza extrema y reforzamiento del federalismo responsable. No estarán los que interesan a sólo un grupo pero desagradan a los demás, como la agenda de género o el fin de algunos programas sociales.

Definir la agenda no será tan complicado como llegar a superar los egos entre políticos para encontrar al candidato idóneo. Es tarea que no se ve fácil. Las figuras que más destacan de cada partido son las que más aborrecen los militantes de los demás partidos. A menos de que encuentren al candidato ideal, no importando lo que las dirigencias acuerden, lo más seguro es que no sea votado por todos los simpatizantes de los partidos en consenso.

“El consenso durará hasta que el candidato lo destruya” ha dicho un alto dirigente partidista como indicando que los partidos sí podrán alcanzar un amplio consenso que una sola declaración imprudente destruiría. Pero en realidad la gran dificultad es encontrar la forma de garantizar que cumpla con lo acordado quien sea candidato de la coalición.

Mientras dure la campaña electoral, está claro que la coalición se mantendrá alrededor del candidato siempre y cuando éste mantenga actos de campaña y declaraciones en lo acordado. Pero ganada la elección no será fácil garantizar que cumpla la agenda. Ya hemos visto como candidatos de coaliciones se apartan de lo prometido (como MaLoVa en Sinaloa) sin que nadie pueda obligarlos al cumplimiento de lo pactado.

Solo en regímenes parlamentarios o semiparlamentarios hay forma de obligar a candidatos triunfantes a cumplir con agendas pluripartidistas, pues ellos dependen de la aprobación continua de un consejo de ministros o del mismo parlamento. En regímenes presidenciales, los titulares- una vez que toman posesión- no requieren la aprobación de las Cámaras para llevar a cabo su agenda, sea la acordada o una muy personal. Y si el candidato de una coalición desea apartarse de la agenda común, será difícil obligarlo a rectificar y cumplir.

México es un régimen presidencialista como Chile, pero carece de su vocación democrática. En los casi 200 años como república independiente apenas hemos tenido dos cambios pacíficos presidenciales entre partidos distintos. Todos los demás han sido después de una asonada, un golpe de Estado o un levantamiento. ¿Acaso se intentará cambiar la Constitución para tener un régimen parlamentario?

daaiadpd@hotmail.com