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Gobierno, petróleo e impuestos / Mundo Económico / Enrique Vera Estrada

  • Enrique Vera

Anteriormente, éramos una economía netamente petrolera. En los años populistas, el disparo del precio del petróleo y la apertura de créditos externos le dieron al país los recursos necesarios para tener altos crecimientos. De esta forma, durante los gobiernos de Echeverría y de López Portillo, el déficit público y el déficit externo brindaron al país una cantidad muy importante de recursos que impulsaron no solo el gasto público, pues también esa fuerte inyección de recursos permeó al sector privado, con lo cual el consumo y la inversión tanto privados como no privados se activaron en forma muy importante, permitiéndo crecer a tasas superiores a 6 por ciento anual.

Sin embargo, tal infusión tan fuerte de recursos produjo un crecimiento, es cierto, pero provocando serias distorsiones en cuanto al nivel de precios y en cuanto a las cuentas externas. Se sabe, según dicen los analistas, que el exceso de circulante propiciado por los créditos externos y por el déficit público produjo un serio desequilibrio en la cuenta corriente, lo cual fue motivo de las devaluaciones en los años populistas. Y ante el serio desequilibrio en las cuentas externas, era evidente que habría que depreciar el tipo de cambio para frenar el exceso de importaciones y para estimular a las exportaciones. De esta manera, el excesivo ingreso que había en el país provocó ese exceso de importaciones, lo cual se tradujo en un déficit en la balanza de pagos, a pesar de los altos precios del petróleo. Por ello nos queda claro que el desenfrenado gasto público fue la causa de las fuertes crisis que se dieron en esos años populistas.

En la última gran devaluación, es decir, en la de diciembre de 1994, fue evidente que el déficit público no detonó la depreciación del peso mexicano. No. Ni siquiera fue un exceso de circulante en la economía. Tampoco. Lo que detonó la devaluación de mediados de los años noventa fue la excesiva revaluación del peso mexicano originado por las enormes entradas de flujos de dólares por el TLCAN.

Pero volviendo al tema del crecimiento originado por el enorme gasto estatal y por el excesivo endeudamiento externo, podemos mencionar que el auge expansionista se interrumpió en forma dramática por tres fenómenos: el congelamiento de nuevas líneas de crédito a nuestro país, dado que la proporción de deuda en cuanto a las reservas internacionales era extremadamente alta; en segundo lugar, por la caída de los precios del petróleo, y en tercer lugar, por el enorme drenaje de divisas que constituyó el pago de la deuda externa. Dicho drenaje de divisas por el pago a nuestros acreedores externos (sobre todo de bancos de Estados Unidos), junto con la ralentización de recursos externos derivados por la caída en los precios del petróleo, originaron una seria crisis de liquidez en el país. Por eso nos fue como nos fue.

Retomando el tema de este artículo, mencionaré puntos importantes en cuanto al Gobierno, la importancia del petróleo y los impuestos.

Uno. El país ya no es netamente petrolero, pero el Gobierno sí lo es: 27 por ciento de sus ingresos dependen el precio del petróleo. Al momento de escribir estas líneas, el petróleo se sitúa alrededor de 25 dólares por barril. La cobertura petrolera –de 49 dólares– se cobrará hasta finales de este año. De esa forma, es posible que si el precio del petróleo sigue cayendo, los recortes al gasto público sean mayores en este año.

Dos. En 2015 se recaudaron por impuestos 2.1 billones de pesos. Habría que compensar la merma en los ingresos petroleros. La recaudación fiscal que creció en forma muy importante (alrededor de 30 por ciento), junto con las crecientes emisiones de deuda de nuestro Gobierno en los mercados internacionales de capital, han hecho que se pueda en cierta forma amortiguar el descenso del precio del petróleo. Es muy significativo que en este año se han colocado más de mil 500 millones de dólares en deuda por parte del Gobierno en los mercados internacionales financieros. De la misma forma, el Gobierno se ha valido del mercado nacional accionario para allegarse de recursos. Los certificados bursátiles de educación y de infraestructura son un claro ejemplo.

Tres. Es muy importante mencionar que el Gobierno no regala nada. Absolutamente nada. Las obras en infraestructura, los servicios públicos gratuitos e inclusive algunos de los servicios sociales como los comedores comunitarios, no se ejecutan en forma gratuita. El Gobierno nos cobra sus gastos a través de los impuestos a los contribuyentes; a través del endeudamiento externo (dinero que proviene de los extranjeros), lo cual implica un “endrogamiento” del país, y en tercer lugar a través de la inflación el Gobierno se logra financiar. Esto era muy claro en esos años populistas, cuando el financiamiento inflacionario del gasto público era una clara fuente de inflación.

Cuatro. El petróleo ya no es la principal fuente de divisas para el país. Ahora lo son las exportaciones de manufacturas al mercado de Estados Unidos.
enriquevera2004@yahoo.com.mx