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Golpear de vuelta

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

La comunidad de mexicanos en la ciudad de Washington, D.C. es abundante. Me siento orgulloso de pertenecer a ellos. Hace ya cuatro años llegué a vivir al famoso “Distrito de Columbia” y este país –desde entonces– ha cambiado radicalmente. Aunque estoy aquí por trabajo, no deja de ser interesante la manera que uno tiene de influir en algunas decisiones (aunque sean pequeñas), pero sobre todo, de acercarse a actores relevantes. La capital de Estados Unidos es una de las ciudades más progresistas que hay y sus votantes (más del 90 por ciento) no sufragaron por el actual Presidente.

Sin embargo, para todos aquellos que vivimos aquí y que hemos tenido que trabajar diariamente con los estadunidenses, hemos tenido que aprender a convivir y a entender su cultura laboral, económica, social, de vida, etc. (y ellos la nuestra). No es fácil. Sostengo que en muchas cosas, Estados Unidos es mucho más parecido a países como Japón, que a México. En otros temas no. Pero hay uno en el que fundamentalmente somos distintos: la forma de enfrentar el conflicto y la franqueza para decir “no”. Es bien sabido que los mexicanos no sabemos decir “no”, sino que decimos cosas como: “al ratito”, “ahorita no”, “mañana veo”, “quizá más tarde”. Pero jamás decimos “no”. Aquí es todo lo contrario. Decir “no” francamente es una señal de cortesía (la gente sabe a qué atenerse).

Durante los desencuentros, los pleitos y las confrontaciones también tenemos otra diferencia cultural abismal: en México, la conciliación, el “piso común”, la unidad, etc., todo ello tiene una connotación positiva. En la cultura e idiosincrasia estadunidense lo contrario: todo esto es leído como una señal de debilidad. Si las personas, la sociedad o las organizaciones no están dispuestas a pelearse, nunca jamás serán tomadas en serio. Lo que para México es señal de madurez y de posibilidad de llegar a un acuerdo, en el norte es leído como debilidad. En Estados Unidos la única posibilidad de llegar a un acuerdo es por la fuerza. Por eso existen tantas demandas: todo mundo pelea por todo (con o sin razón, porque saben que es la única manera a darse a respetar).

México tiene que “pelear” con Estados Unidos y golpear de vuelta. Tomar acciones concretas que le hagan ver a nuestros vecinos que no nos vamos a dejar. O al menos comunicarles a los señores de la nueva administración que está dispuesto a hacerlo. ¿Qué sucedió en los medios de Estados Unidos cuando Peña Nieto canceló la visita a la Casa Blanca? Todos (casi sin excepción) lo alabaron, que por fin “había devuelto el golpe”. En lo personal no me gusta el estilo de tener que pelear por todo, pero si queremos lograr algo, tenemos que entender que eso está en lo más profundo del ADN de la cultura del país.

México tiene muchas opciones para demostrar su capacidad de pelear de vuelta: en materia de cooperación para la seguridad en la frontera (o para el caso, en todo el territorio nacional), en materia de empleos, de comercio, de relaciones geopolíticas con otras naciones del mundo (como China), entre otras. México no necesita ser más fuerte, simplemente necesita demostrar que no está dispuesto a quedarse con los brazos cruzados y dejar que lo golpeen. Es la única manera viable de conseguir que los Estados Unidos (especialmente un tipo como su Presidente actual) nos respete (o al menos que haya posibilidad de algún acuerdo medianamente aceptable para ambos). El camino es largo, hay mucho que aprender y muy poco tiempo para hacerlo.
@fedeling