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Gratuidad universal de la educación superior en Chile / Héctor Luna de la Vega

  • Héctor Luna de la Vega

El costo de la educación y/o la conversión de los estudiantes en deudores de largo plazo, como lo había sido el modelo financiero en Chile, hacen que la educación, en lugar de ser un factor de movilidad social, se convierta en un obstáculo o freno en el combate a la desigualdad.

Según reportes de la OCDE, la desigualdad y los cimientos de una equivocada distribución de la riqueza provienen de la falta de oportunidades educativas y a su vez imposibilitan la reducción de la brecha entre pobres y ricos.

La educación es en esencia el principal potenciador para permitir a las nuevas generaciones participar más activamente en las oportunidades y los beneficios del desarrollo. El reporte de la OCDE señala como los países más desiguales, notoriamente abajo del promedio, a Chile, EEUU, México, Israel, Portugal y Turquía.

El método aplicado por la OCDE es calificar a las naciones a partir de indicadores clave: desigualdad en salarios (ingresos), costo educativo (deuda) y distribución de la riqueza (oportunidad).

Chile aparece como la nación más desigual porque su modelo financiero relativo a la educación convertía en deudores de largo plazo a sus estudiantes, aunado a las cortas oportunidades laboralescon la subsecuente desigualdad en los ingresos.

Augusto Pinochet heredó a las nuevas generaciones chilenas un modelo educativo cuyos basamentos seguían vigentes hasta los primeros días de diciembre de 2015, a pesar de los esfuerzos democráticos posteriores a favor del desarrollo social del país. Irónicamente, un día antes de dejar el poder promulgó su Ley Orgánica Institucional de Enseñanza.

La desaparición autoritaria de la gratuidad de la educación universitaria en Chile obligó a pagar anualmente más de seis mil dólares por carrera universitaria. Con 17.9 millones de habitantes manifiestan una de las mayores inequidades en el ingreso del mundo, aun con un crecimiento del PIB alentador. Diez familias siguen concentrando la mayoría de la riqueza, cercana a 80 mil millones de dólares; el 20 por ciento de la población concentra el 54.5 de la riqueza.

Su coeficiente de Gini (promedio entre riqueza y pobreza) es de 0.50, cuando el promedio de la OCDE es de 0.31. La educación ha generado criterios de discriminación propiciándose estudien los ricos con los ricos y los pobres con los pobres.

Después de 30 años de lucha vuelve la gratuidad en la educación universitaria al país, ley aprobada por el Congreso de Chile el 23 de diciembre pasado. La denominada Ley Corta robustece la gratuidad hacia los sectores más vulnerables para que puedan acceder éstos a la educación universitaria en 2016. La decisión fue tomada en su tercer trámite constitucional por 92 votos a favor, dos en contra y una abstención, transformando a la educación en un derecho.

La nueva ley beneficiará a unos 200 mil estudiantes, a quienes ingresen o a quienes estén cursando alguna carrera universitaria en las casas de estudio que cumplan los requisitos estipulados por la enmienda a la Ley de Educación Superior pinochetista.

La medida beneficiará en una primera etapa a más de 178 mil estudiantes, correspondiente al 27.5 por ciento de los universitarios. En 2018, el 70 por ciento de los estudiantes más vulnerables podrán estudiar sin pagar y las instituciones de educación superior pública dejarán de financiarse como si fueran instituciones privadas. Se trata de un proceso paulatino hasta culminar en 2020 con la gratuidad universal de la educación superior en Chile.
hectorluna@cablevision.net.mx