imagotipo

Gringófilos / Satiricosas / Manu Dornbierer

  • Manu Dornbierer

A los gringófilos les pareció muy bien que en un editorial de la semana pasada, el New York Times regañara a México a propósito de lo que algunos consideran mayores problemas nacionales -habiendo tantos trascendentales-, como la fuga de “El Chapo” en julio 2015 y la Casota Blanca.

Agregaron la dolorosa e irresoluble desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, odioso resultado del negocio de la heroína, mancomunado con USA desde su inicio hace muchos años cuando los gringos llevaron la amapola a Durango, su Estado favorito para films de Hollywood.

Gringófilos o un poco menos, para todos fue tema “El Chapo”.

Ladies first: El 8 de enero de 2016, Carmen Aristegui, tan agradecida como está con la CNN porque allá sí tiene chamba por su talento, pero quizás también porque jamás de los jamases ha osado la menor crítica seria contra el abusador Tío Sam, celebró al NYT, del que por cierto es dueño en un buen porcentaje Carlos Slim, de esta manera:

“The New York Times, el periódico más influyente de Estados Unidos y una de las publicaciones que generan más impacto por sus noticias, investigaciones y postura editorial en todo el planeta, decidió abrir el año con un claridoso editorial en el que repasa los tres grandes asuntos que marcarán para siempre a la actual administración. El comité editorial del NYT, que firma el texto, puso la medida desde la cual se tomará el pulso sobre cómo está siendo percibido y evaluado el Presidente mexicano a nivel internacional. Por lo que dice, por cómo lo dice y por quién lo dice podemos considerar que esa será la manera en la que se referirán a Peña Nieto los más amplios y diversos circuitos de opinión a nivel internacional, de aquí en adelante. ‘Las respuestas que Peña Nieto no le da a México’ es el título del editorial con el que el NYT analiza cómo el Presidente usó el título de su libro “México, la gran esperanza” para explicar el tipo de país que quería construir en su mandato”.

Raymundo Riva Palacio dijo a su vez el mismo día:

“El lunes pasado, The New York Times, el periódico más influyente en el mundo -porque representa los intereses del país más poderoso del mundo-, publicó un editorial donde critica al Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto por “haberse resistido tercamente a la rendición de cuentas”. El editorial intriga por lo inusual de su contenido reduccionista, sesgado y, sobre todo, por la inusual pobreza en su calidad de información. El editorial tiene, sin embargo, un dardo envenenado: que el Gobierno acepte que el Grupo de Expertos Internacionales coadyuvante en la investigación sobre la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa en 2014, se inmiscuya en forma irrestricta y absoluta en el sistema de justicia mexicano. Es decir, que el Estado mexicano se subordine a leyes internacionales. El precedente se encuentra en Guatemala el año pasado, luego de que en 2012 el Gobierno guatemalteco y la Organización de las Naciones Unidas crearon la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala como un órgano independiente” (subrayados míos).

¡Y lo que es la suerte! Ese 8 de enero recuperó el Estado mexicano al hipercapo Guzmán Loera en la ciudad de Los Mochis, en donde, por lo visto, sus paisanos lo quieren. Claro, no todo fue Jauja ese día. La recaptura no solo sirvió para callarle la gran boca al NYT sobre ese particular asunto. Ese día también bajó el petróleo a grados indecentes.

Y el Gobierno de México encantado de que pasara desapercibido el bajón de ingresos del país. Deberíamos decir “los gobiernos”, no solo porque el petróleo es hoy de los gringos (entre otros), sino porque los gobiernos de México y USA (estamos persuadidos muchos) están unidos en el negocio mundial de la droga y “El Chapo” (entre otros) es solo uno de sus operadores estrella.
Una película

Fue nada menos que RT, Russian Television o Russia Today, cuyo lema es “Sepa más”, de la agencia de noticias Novosti, un excelente canal que ya no encuentras en la televisión en México, la primera en presentar -grabada desde el casco de un soldado- la sangrienta operación de recaptura de El Chapo. Ya no puedes ver RT en ningún canal de TV, pero sí en internet. Y fue Televisa la que usufructuó el video y quién sabe si lo pagó. Así lo anunció la CNN sin citar, claro, la fuente de origen rusa.

Y luego, el 9 de enero, el mismo diario publicó la historia de la “recuperación” de El Chapo. La actriz mexicana Kate del Castillo, hija del buen actor Eric del Castillo, y el rebelde, un galardonado actor, querían hacer una película sobre la vida del hoy más famoso capo y se pusieron en contacto con él. De ahí surgió, dicen, la pista para su recaptura.

Ahora bien, ¿están los actores infringiendo la ley como dicen algunos? Ya en ocasión anterior alguien que tampoco era del Gobierno, Julio Scherer, había penetrado en el narcomundo para permitir “su libertad de expresión”. Se le criticó al fundador de “Proceso” una foto en la que se le veía abrazado con un narco y después escribió un buen libro (no todos lo fueron), que es prácticamente una larga entrevista con una narca en la cárcel: La Reina del Sur.
Y sigue la casa dando… de qué hablar

Me reprocha un lector panista que “para defender a la indefendible” Gaviota (algo que no fue volitivo) hable de las consortes panistas de Fox y de Calderón. Pues sí, tiene razón. Quizás la comparación resulte beneficiosa para la exactriz. Decir que la Sahagún le sacó dinerales a la gente para su candidatura a la Presidencia, en calidad de Evita Perón, fue más dañino para el país que los muy caros vestidos de Angélica Rivera. Vean lo que es el “Centro Fox”. ¿Una casita?

Que Margarita Zavala no haya podido influir sobre su marido para que le parara a las matanzas de la guerra gringa y la atroz muerte de 49 bebés quemados vivos en la ABC, por la incuria de su parentela favorecida con el negocio de guarderías del Seguro Social, fue mucho más grave, incluso criminal, que la Casota Blanca de la Gaviota, que siguió la costumbre de todos los políticos priístas. A este respecto, repito para mis lectores: Me tocó ser la descubridora de la llamada “Colina del Perro”, no una, sino varias casas para toda la familia López Portillo con lujos absurdos. Así como de la inmensa casa de la hermana Margarita López Portillo en la entrada de Lomas Altas, en la Ciudad de México, con el producto del sobreprecio impuesto a los barcos de Pemex: Abkatun y Cantarell, sobrevaluados por órdenes del presidente José López Portillo (1976-1982) para favorecer a sus hermanas, causa de la destitución y encarcelamiento de cinco años del que fuera el mejor director de Pemex, el ingeniero Jorge Díaz Serrano. Y si entramos de lleno en los bienes raíces que se agencian los políticos de todas clases aquí y en otros países y tiempos, no acabaríamos nunca.
El mayor traficante de drogas

En cuanto al “Chapo”, pues ojalá se haga la película ver-da-de-ra de su vida. Tiene garantizado el rating, pero si la logran hacer sin mentiras ni tapujos. Saber la verdad sobre este operador de uno los negocios más grandes de los hipócritas gobiernos del planeta puede hacernos un poco más libres a los terrícolas. Pero no es tan importante El Chapo como quieren hacernos creer. Hay mucho mayores traficantes de drogas, según nos dice Stephen Lendman, de Global Research:

Los capos van y vienen y no le hacen gran cosa al negocio:

Business as usual continues. El negocio continua como de costumbre.

EL CHAPO NO ES NADA COMPARADO CON EL TRÁFICO GLOBAL DE DROGAS DE LA CIA, un tema que los medios no tocarán y que empezó en 1947, en su primer año de existencia, como informa Alfred McCoy en su libro “The Politics of Heroin: CIA Complicity in the Global Drug Trade, en el que documenta la complicidad de la CIA y del Gobierno de Estados Unidos en el tráfico de drogas en los más altos niveles oficiales.

Hoy continúa en Asia, Europa, el Oriente Medio, en Sur y Centroamérica. Facilitando el comercio de las drogas.

Manudornbierer.blogspot.mx