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“Guardianes de la Galaxia Vol. 2” y el discurso de la estética

  • La moviola/ Gerardo Gil

Con todo y su aparente ligereza, Guardianes de la Galaxia Vol.2 (James Gunn, 2017) es uno de los más acabados ejemplos, sobre todo estilísticos, de hasta dónde puede llegar el cine basado en
adaptaciones de comics.

A primera vista, su humor ligero y un soundtrack evocativo de la década de los ochenta, marcan la pauta de un mero filme de entretenimiento, sin mayores pretensiones que cumplir con las expectativas de un público adocenado al chiste que se va a contar, pero en los hechos presenciamos el peso narrativo de una estética pop convertida en discurso.

Porque en la importancia que se le da a la música y la estética muy detallada que por momentos recuerda a filmes como Flash Gordon (Mike Hodges, 1981), la segunda entrega de esta franquicia que pertenece al universo Marvel consolida el discurso pop como razón de ser. No desde la perspectiva de un mero recurso, sino como un todo que le da sentido a la película.

La trama en esta ocasión pasará a segundo término, lo importante es transmitir a través de un mundo de colores chillantes y escenarios exagerados. Hacer evidente el universo de la ficción en la que están los personajes. Machacar el muy logrado soundtrack como un protagonista más de la película y por medio de estos elementos consolidar un discurso estético cinematográfico que se dé por hecho y en apariencia apenas sea notado. La jugada incluso es que el filme se sienta ligero, pero detrás, está la consolidación de una narrativa visual y auditiva  que le da personalidad a
la película.

En esta ocasión “Star-Lord” (Chris Pratt) se rencuentra con su padre “Ego” (Kurt Russell) un semidios que busca un acercamiento con su hijo, mientras los demás “Guardianes” huyen de un grupo de piratas muy estilizados, ya que “Rocket” ( Bradley Cooper) les robó objetos de mucho valor que son parte de un  botín que debían entregar.

En esas dos vías se desarrolla la trama de esta segunda entrega, que hasta el momento no tiene una vinculación directa con los demás filmes de Marvel. Lo cual, le da mucha libertad sobre la manera en cómo se cuenta la historia. Se puede decir incluso, que otro pilar muy importante del largometraje es el humor. Casi toca el género de la Spoof Movie de superhéroes (parodia de estos filmes).

Hay un regocijo formal, pero que se vende ligero, de la cultura pop. Vemos desfilar a personajes como David Hasselhoff  haciendo una parodia de él mismo y bromas con dedicatoria a un público sobre todo treintón. Es el festejo de lo que se ha llamado la civilización del espectáculo: convertir en discurso la estética y la música. En este caso, todo lo que es derivado de la década de los ochenta.

La película tiene también personajes muy definidos en su forma de ser. Todo con el fin de que los gags fluyan bien y de manera constante; “Groot” (Vin Diesel), la planta bebé que lleva buena parte de los chistes; “Drax” (Dave Bautista), quien junto con “Rocket” hacen las veces de la pareja cómica, tan socorrida de algunos personajes de Marvel; y el cameo de una que otra celebridad componen el filme.

La mesa puesta pues para que esta película sea el descanso dentro del universo Marvel, con un humor ligero y una propuesta visual propia e independiente.

EN CORTO

Tres aspectos de mucho peso e igualdad sostienen al documental No soy tu Negro (Raoul Peck,2016) sobre los textos del libro “Remember this house” del escritor James Baldwin, que son leídos por Samuel L. Jackson, la historia que se cuenta por medio de las imágenes y el brutal testimonio sobre el racismo en Estados Unidos que comparte el autor afroamericano fallecido en 1987.

En el primer caso, de manera emotiva, Jackson lee fragmentos del libro del escritor maldito que es Baldwin. La vida de las comunidades negras en Estados Unidos, sobre todo en las décadas que van de los cuarenta a los setenta, sin un grado de concesión para el público acostumbrado a las convenciones narrativas hollywoodenses.

En el segundo caso, la narración que surge en torno exclusivamente de las imágenes presentadas, que complementan el texto, pero que no se limitan a ubicarse en las décadas mencionadas, sino que se mezclan con momentos actuales y que son un elemento de fuerza propia dentro del filme.

Y el tercero, el testimonio de cómo la historia de una nación se cuenta a partir de las pequeñas historias de sufrimiento y omisión.

El filme es indispensable esta semana.